Los residentes de una localidad alemana logran que la justicia desaloje a un grupo ultra que ocupaba un hotel
El Periodico, 07-08-2009Son las siete de la tarde y los vecinos de Fassberg parecen agotados. Pero el aire de victoria domina la improvisada barbacoa que han organizado junto a la carretera, frente al antiguo Hotel Gerhus. El motivo de la reunión, el cansancio y la euforia es el mismo: dos semanas de protestas ininterrumpidas han ejercido la presión suficiente para que el tribunal regional de Lüneburg curse una orden de desalojo para el grupo de ideología nazi que ocupaba el edificio desde mediados de julio.
«Más que una victoria para nosotros, es una derrota para ellos. Pero sí, estamos muy orgullosos de haberlos echado de aquí», comenta Anna Jander. Sus vecinos la presentan como comandanta Anna, porque ella es la que ha organizado la resistencia entre los miembros de varias comunidades. Ella sonríe ante la broma y recupera en seguida el gesto serio. Y es que los vecinos de Fassberg han ganado una batalla, pero no la guerra.
Un amplio proyecto
Tras la historia del Hotel Gerhus hay toda una trama. Los nazis buscan desde hace años lugares clave para instalar centros de encuentro, captación y formación. En casi todos los casos aparece el mismo nombre, el del vicepresidente del partido de ultraderecha NPD, Jürgen Rieger. Este economista, famoso en Alemania por su constante negación del Holocausto y sus declaraciones xenófobas, posee ya varios edificios en el norte de Alemania y ha intentado comprar otros, a menudo sin éxito.
Pero para su conocido proyecto de crear un «centro de peregrinación», una escuela de formación para jóvenes nazis, el hotel situado en esta diminuta localidad de Baja Sajonia es el enclave ideal. Una superficie total de 8.000 metros cuadrados y una piscina son un buen reclamo, por no hablar de la situación estratégica del lugar, accesible desde cinco estados federados.
Solo que los vecinos de Fassberg le han puesto las cosas difíciles al político. «En cuanto llegaron supimos que no podíamos esperar y empezamos a organizar protestas diarias. En la primera fuimos 12 personas, en la última éramos más de 300, incluido el alcalde», cuenta Jander con la cerveza de la victoria en la mano. «Lo más importante es que hemos creado redes de actuación por si hay que volver a organizar la resistencia. Al fin y al cabo pueden volver en cualquier momento».
Rieger sigue esgrimiendo un dudoso contrato de alquiler del hotel, por el que estaría pagando 600 euros mensuales. Pero para el tribunal de Lüneburg, ese contrato no justifica la ocupación por la fuerza del edificio.
Pero el mayor temor está en que la ultraderecha compre el hotel. Los dueños, arruinados y con 600.000 euros de deudas, rechazan la acusación de la prensa de ser simpatizantes del movimiento nazi. Dicen que solo buscan al mejor postor y ese es Rieger, que ofrece 1,3 millones de euros por el hotel frente a los 800.000 que ofrece la comunidad de Fassberg.
Pero aunque Rieger se haga con el edificio, la gente de Fassberg pondrá todas las trabas posibles para que no lo convierta en su centro nazi. Sin temor y a pesar de los cabezas rapadas han estado haciendo fotos de los habitantes y merodeando con perros de caza, los vecinos han montado guardia frente al hotel. Así, lograron llamar la atención de la policía y la justicia, que finalmente ordenó el desalojo.
Sin descanso
«Si vuelven volveremos nosotros también. Ellos saben quiénes somos y nosotros quiénes son ellos. Yo incluso he intentado convencer a algún chaval del pueblo, que se ha unido al grupo, para que cambie de bando. Quizá aún estemos a tiempo», dice Anna.
El cansancio no le impide reparar en un coche extraño que se acerca a la puerta del hotel. Son dos nazis que no se han enterado del desalojo. La policía, que bloquea las entradas y piensa permanecer en el hotel hasta que aparezca el servicio de seguridad privado contratado por la comunidad, les despacha rápido. La tímida sonrisa de Anna se transforma en rostro de guerra: «No volváis nunca más», les grita mientras ellos hacen el saludo hitleriano.
La lucha contra los nuevos nazis en Fassberg ha sido observada con gran atención en un país acostumbrado a implicarse contra los grupos de ultraderecha. Algo lógico teniendo en cuenta que todos los informes advierten del peligro que representan y del aumento de delitos con trasfondo ultra.
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