* Puños negros y matanza en el huracán de 1968 - JOAQUIM IBARZ * Juegos a 2.240 metros de altitud DEPORTE Y POLÍTICA / 5 .JUEGOSOLÍMPICOS DE MÉXICO (1968)
Puños negros y matanza en el huracán de 1968
La Vanguardia, , 06-08-2009Cómo van a organizar los mexicanos unos Juegos Olímpicos! ¡Qué barbaridad!". México tenía una pésima imagen exterior. Se consideraba a sus gentes con poca capacidad de organización, sin tradición deportiva e informales y flojas. Muchos se preguntaron cómo se habían otorgado unos Juegos a un país tercermundista, sin tecnología y con escasos recursos. Se decía además que los atletas caerían como moscas a causa de los 2.240 metros de altitud de la antigua capital azteca. A 27 meses de la inauguración, no se sabía dónde se iba a construir la villa olímpica, ni cómo se financiaría. Y sólo diez días antes de la ceremonia, el ejército causó en el centro de la capital una matanza de estudiantes que conmovió al mundo.
Los pronósticos no podían ser más pesimistas. Sin embargo, llegó el 12 de octubre de 1968 y México sorprendió con una organización sin fallos, con modernas instalaciones, con la primera villa olímpica, después obligatoria en todos los Juegos.
Pedro Ramírez Vázquez, arquitecto mexicano de prestigio y presidente del Comité Organizador de México´68, a sus 90 años comenta a La Vanguardia:“Lo más positivo de los Juegos fue que se celebraran sin fallos, nos sentimos orgullosos de ser mexicanos”. Fue importante la cálida acogida del público: “El entusiasmo sustituyó al dinero. México afianzó su identidad nacional. Esa buena imagen es el mejor legado que nos dejaron los Juegos”.
Durante todo 1968 estuvo en el alero la celebración de los Juegos Olímpicos en México. Los problemas políticos y sociales se acumulaban. En abril murió asesinado el líder antisegregacionista Martin Luther King. En junio cayó el candidato presidencial Robert Kennedy. En agosto, tropas de Moscú y del Pacto de Varsovia invadieron Checoslovaquia; algunos países amenazaron con el boicot si participaba la URSS. Durante todo el año, la agitación estudiantil sacudió a Occidente. Nació en las universidades de EE. UU., se propagó a Alemania y tuvo su punto culminante en mayo, en París. En verano la protesta llegó a México. Las marchas en el Distrito Federal irritaron a un régimen acostumbrado a que nadie cuestionara el poder.
La tragedia llegó diez días antes de la inauguración de los Juegos. Dos helicópteros sobrevolaban la plaza de las Tres Culturas vigilando el mitin estudiantil. A las 18.10 h, tres bengalas fueron la señal de la muerte. Ráfagas de armas automáticas provocaron las primeras víctimas. En cuestión de segundos, se generalizó la balacera. La masacre continuó toda la noche. Testigos aseguran que los cadáveres fueron sacados en camiones de basura.
Han pasado 40 años desde aquel 2 de octubre de 1968, pero la matanza sigue presente. Aunque hay pocos momentos en la historia de México con tanto impacto emocional y político como la muerte de universitarios en Tlatelolco, se desconoce lo que realmente ocurrió. “Veía las balas incrustarse a mi alrededor. La policía arrastraba de los cabellos a estudiantes y los detenían. Vi muchos heridos, mucha sangre; me hirieron y durante 45 minutos permanecí tirada en un charco de mi sangre. Un estudiante repetía: ´Valor, Oriana, valor´”, escribió la periodista italiana Oriana Fallaci.
El Comité Olímpico Internacional consideró la matanza un problema interno que no afectaba a los Juegos. No se oyó una voz oficial de protesta por la matanza salvo la renuncia de Octavio Paz a la embajada de México en India.
Los Juegos de México fueron también los de la reivindicación racial. En la ceremonia de proclamación de vencedores, los atletas negros norteamericanos Tommy Smith y John Carlos, oro y bronce, respectivamente, en los 200 metros, escucharon el himno estadounidense en el podio descalzos como los negros pobres, bajaron la cabeza y alzaron los puños cerrados enfundados en un guante negro, como símbolo del Black Power, movimiento nacido en los sesenta contra la segregación racial. “No representamos a Estados Unidos, sino al pueblo negro de Estados Unidos”, dijeron Smith y Carlos.
Expulsados por el COI de la villa olímpica, fueron repudiados y tachados de antipatriotas, pero su gesto dejó un precedente importante de valor y reivindicación de los derechos humanos. Algunos atletas los secundaron (Lee Evans, G. Lawrence James y Ronald Freeman), otros incluso amenazaron con no participar. Los dos deportistas que iniciaron la protesta fueron a su regreso a Estados Unidos discriminados y tratados como delincuentes, no encontraron trabajo durante años. La mujer de Carlos se suicidó y Smith se divorció.
La foto con los puños enguantados en alto dio la vuelta al mundo, y pudo ser más influyente en la conciencia colectiva que miles de discursos. Los Juegos de México quedarían para la historia como los del Black Power. El australiano Peter Norman, plata, los secundó con una pegatina del Movimiento Olímpico por los Derechos Humanos pegada en su pecho a la altura del corazón.
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