La proliferación de 'gorrillas' en solares crea los primeros problemas de seguridad

Aumentan los conflictos entre los aparcacoches, casi todos inmigrantes sin papeles,y las quejas de ciudadanos que se sienten intimidados en las explanadas del centro

La Verdad, MIRIAM MARTÍNEZ, 05-08-2009

Los gorrillas montan su negocio por toda la ciudad. En el centro de Cartagena ya no quedan solares ni explanadas sin aparcacoches que piden la voluntad por vigilar los vehículos. En los últimos meses han proliferado por las zonas más transitadas y con ellos los problemas por enfrentamientos con muchos conductores. De los gorrillas no se libra ni la ORA durante los fines de semana.

Los individuos que se dedican a esta actividad suelen estudiar de antemano la zona de la ciudad donde se van a poner y observan de manera estratégica los solares más utilizados para dejar los coches. Al final eligen los más céntricos, porque la gente va con prisa y no tiene tiempo para buscar un buen estacionamiento.

La Casa del Mar, el Muelle, el Cartagonova los domingos de fútbol, Monte Sacro y el Molinete son los lugares preferidos por los aparcacoches puesto que son las zonas más frecuentadas.

Quienes se dedican a esta actividad son en su mayoría inmigrantes sin papeles. Unos hace tiempo que se quedaron sin trabajo; otros aseguran haber llegado hace poco en patera. La realidad es que todos coinciden en las mismas zonas y donde antes sólo había un gorrilla, ahora hay dos y hasta tres, como comprobó La Verdad en solares del Monte Sacro y en la explanada de la Casa del Mar.

Con la proliferación de estos mendigos también surgen las primeras disputas entre ellos. Quién ha visto primero a un conductor, si el coche está en su zona y hasta la cantidad de dinero que reciben son motivos para el conflicto entre ellos. Pero también han aumentado las quejas de ciudadanos que se sienten intimidados por estas personas. «He tenido que darle dinero a los dos porque ellos no se ponían de acuerdo y al final iban contra mí», reconoció a este periódico un conductor que dejó su coche en la explanada anterior a la puerta de la Cofradía de Pescadores.

«No se conforman con veinte céntimos, tienes que dar más de cincuenta porque si no te piden más, te insultan e incluso se enfadan. Aunque siempre es mejor darles algo porque si no te rayan y te pinchan las ruedas del coche», según Mariano Heredias Solano, que aparca el coche con frecuencia en la Casa del Mar y que se ha enfrentado ya a más de un gorrilla.

Los aparcacoches tienen otra versión. Aseguran no meterse con nadie y aceptar el dinero que les dan. «Llevo poco tiempo aquí trabajando pero me gusta mucho porque me saco entre diez y quince euros diarios. Yo no soy de esos de los que si no les das dinero te hacen algo. A mí si me dan bien y si no también», según un inmigrante que pide también en la zona del puerto.

Aun así, quienes dejan sus coches en solares y explanadas reclaman más presencia de la Policía: «Tendría que haber más vigilancia por parte de la policía y echarlos de las calles porque esto no es un trabajo y sólo molestan a los que queremos aparcar nuestro coche», pidió una mujer, que prefirió mantenerse en el anonimato por temor a represalias.

A pesar de las quejas de los conductores y de los desperfectos que sufren algunos coches, una portavoz de la Policía Local aseguró que no han recibido ni una sola denuncia relacionada con los gorrillas durante las últimas semanas.

Una actividad ilegal

Los gorrillas aparecieron por primera vez en Italia y en Portugal, pero cada vez son más las ciudades españolas las que se sienten amenazadas por esta actividad ilegal. Se trata de personas marginadas que no tienen otra forma de conseguir dinero a diario. La mayoría son toxicómanos o indigentes que obtienen de esta forma dinero para sobrevivir.

Ginés Lardín San José es un aparcacoches cartagenero que se pone en la Casa del Mar porque no tiene otra manera de ganarse la vida. «Me saco unos 20 o 25 euros al día. Con la crisis cada vez nos dan menos dinero y además yo no lo quiero para drogarme, estoy aquí porque no encuentro trabajo. Era encofrador y me han despedido».

Quienes sí tienen problemas de drogodependencia son los gorrillas que los fines de semana se sitúan en calles del casco antiguo donde funciona la ORA, como la plaza de San Francisco. Es la única manera de sacarse unos euros sin tener que delinquir.

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