Hacía sólo diez días que nació su hija
ABC, 03-08-2009Perfil
Norman Rodrigo Cevallos Yánez Militar español
POR C. HIDALGO
MADRID. Éste es el relato, más que el perfil, de una tragedia multiplicada por decenas de veces: tantas como razones y personas tenía Norman Rodrigo Cevallos Yánez para seguir viviendo. La más importante, su hija recién nacida, que le convirtió en padre hacía sólo diez días.
Y el resto de su familia. Su pareja, española; sus padres; su hermana, a la que defendió hasta la muerte, y el gran número de amigos que se congregó ayer en el domicilio familiar para llorarle y darle ánimos a la familia.
Otro hermano muerto
No es la primera tragedia que sufren. Hace apenas ocho meses, su hermano mayor, también militar, moría atropellado en Estados Unidos, nos cuenta un buen amigo de la familia. Son ellos, precisamente, los que insisten en recordar que Norman para nada tenía nada que ver con ninguna banda latina. Y muestran las recientes fotografías con su hija, en la actitud cariñosa que sólo sabe transmitir un padre primerizo.
Llegó a España hace 12 años. Y consiguió convertirse legalmente en español. Tanto amaba a este país, que decidió ingresar en nuestro Ejército. En el mueble del salón de sus padres, ahora con velas rojas encendidas por su alma, preside una instantánea del beso a la bandera nacional el día de su jura.
Estaba destinado en Zaragoza, aunque los viernes salía para regresar a Madrid, hasta el domingo por la noche, de vuelta a la capital aragonesa. Su madre, Cecilia, trabaja en un bar, pero reconoce que la ayuda económica de su hijo era fundamental para sacar adelante la casa. «Me lo han asesinado», decía ayer, mientras los psicólogos y médicos del Summa atendían a su marido, que no cesaba de llorar. En otra habitación descansaba la hermana, convaleciente de sus heridas. «Estaba muy contento – explica una amiga – . Era un chico normal, que salía al parque a jugar…». Y, ahora, está muerto.
Mientras, los vecinos de la zona del suceso se quejaban de las molestias que se originan a causa de la discoteca de la que salieron los agredidos. Hablaban también de guerra de pedradas con los escombros y de disparos con perdigones.
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