Obama tropieza con la raza en el momento más delicado
El presidente, obligado a matizar su crítica a la detención de un amigo negro
La Vanguardia, , 26-07-2009MARC BASSETS – Washington. Corresponsal
El incidente distrae la atención de la difícil reforma sanitaria, considerada urgente por la Casa Blanca
Seis meses después de llegar a la Casa Blanca, Barack Obama ha tropezado con la raza.
El presidente de Estados Unidos quería evitarlo. Intentaba evitar aparecer como el presidente negro, como intentó, durante la campaña electoral, evitar ser el candidato negro.
Pero el miércoles, en una rueda de prensa destinada a impulsar la aprobación de la reforma sanitaria, Obama dijo que la policía de Cambridge (Massachusetts) “actuó de forma estúpida” por detener a un profesor afroamericano amigo suyo. Las palabras del presidente han desencadenado una controversia nacional. Y el mito de la armonía racial – la idea de que la elección de un presidente negro ponía fin a siglos de esclavismo, segregación y marginación-se ha tambaleado.
El incidente ocurrió la semana pasada. Henry Louis Gates jr., un reputado profesor de Harvard, no podía abrir la puerta de su casa, en un acomodado barrio blanco. Una vecina lo vio forzando la puerta y llamó a la policía. Gates se encaró al sargento James Crowley, que es blanco. Lo acusó de racista. Y acabó detenido por desorden público.
No sólo el profesor Gates, conocido para el gran público por sus documentales sobre los árboles genealógicos de negros ilustres, vio en la breve detención un acto racista. También el presidente Obama, que vinculó el incidente con una realidad: la policía de este país detiene a más negros e hispanos que a blancos.
Crowley y sus superiores han respondido que sólo hacen su trabajo.
Que en Estados Unidos la policía no está para bromas, y que no es aconsejable discutir con los agentes, no es nuevo.
El problema es que las víctimas de la mano dura de la policía suelen ser las minorías. Un estudio reciente del Centro por los Derechos Constitucionales de Nueva York reveló que el 80% de las personas paradas y cacheadas por la policía en las calles de Nueva York son negros e hispanos.
Obama lo sabe. Y es probable que en el pasado haya experimentado esta forma de discriminación. Nadie como él para dar voz a las víctimas de los abusos de autoridad. Al mismo tiempo, desde que inicio su carrera política, el presidente ha considerado prioritario superar los recelos raciales, así como el discurso victimista de muchos afroamericanos.
De ahí que el viernes el presidente intentase cortar en seco el debate, que además está desviando la atención del debate sobre la compleja reforma sanitaria, que el presidente considera urgente.
Obama, tras llamar al sargento Crowley e invitarlo a tomar una cerveza a la Casa Blanca con Gates, reiteró que la detención fue “una reacción exagerada” pero que “probablemente” el profesor también reaccionó exageradamente. El presidente admitió que fue desafortunado calificar de estúpida la actitud de la policía.
El caso Gates evidencia que las sensibilidades siguen a flor de piel, aunque la victoria de Obama haya podido crear la ilusión de que los traumas están superados.
Cada vez más voces cuestionan, por ejemplo, la necesidad de la discriminación positiva: las políticas destinadas a permitir que las minorías accedan a una universidad o a un empleo.
Entre los activistas afroamericanos, existe el temor de que la elección de un negro al frente de la primera potencia mundial reste fuerza al argumento de que la discriminación persiste y acabe socavando su causa.
Pero, como ha dicho Obama, en Estados Unidos “la raza sigue siendo un factor”. Estos días lo ha comprobado.
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