Rumanos

Diario de noticias de Gipuzkoa, Errenteria, 16-07-2009

Para muchos, la palabra rumano va unida a la imagen de unos individuos mugrientos, tirando de un carrito lleno de chatarra robada o de mujeres de aspecto zarrapastroso que piden en las puertas de los supermercados, cuando la realidad es que estamos rodeados de rumanos que trabajan y viven como nosotros. Son miles que pueden confundirse con cualquiera de nosotros porque tienen el mismo aspecto europeo que otro ciudadano corriente de la Unión, no los vemos pero están ahí sin que nos den ningún problema, siendo buenos vecinos y amigos, excelentes compañeros de trabajo. Digo esto porque uno de los mejores compañeros de trabajo que ha tenido mi hijo es precisamente rumano y un día que ambos tenían libre, mi hijo recibió una llamada del compañero cuyo contenido me puso los pelos de punta: “¿Puedes salir hoy conmigo?, es que cuando estoy con una chica, todo va bien hasta que alguien dice que soy rumano. Entonces la chica sale corriendo. Saliendo contigo, puedes ayudarme a que la gente me conozca y confíen más en mí. ¿Qué puedo hacer para convencer a la gente de que he venido aquí a trabajar como los demás, de que soy un hombre honrado?”. Conociendo al chico no sé si el episodio me da vergüenza ajena o pena. Pena por ellos porque están recibiendo un trato injusto y discriminatorio basado en prejuicios absurdos y generalistas y pena por nosotros que juzgamos a nuestros semejantes antes de molestarnos en conocer cómo son y descubrir en ellos una extraordinaria calidad humana.

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