El callejón de la última
El vulgo no cuenta
Rekalde presenció hace unos días el arresto de un ciudadano magrebí que había robado una mochila a un miembro de un coro musical. Los encargados de hacer justicia fueron los mismos vecinos, quienes lo desnudaron en la plaza.
Deia, , 07-07-2009SUCEDIÓ el otro día en las fiestas de Rekalde. Un magrebí le robó la mochila al miembro de un coro musical. Alguien logró atrapar al ladrón y, tras el forcejeo, unos cuantos vecinos lo desnudaron en medio de la plaza. Me lo han contado y lo creo. Visto cómo está el asunto, y conocido el inmenso cabreo de muchísimos paisanos, también creería, y lamentaría, una respuesta más grave.
Sin duda es mejor esa acción humillante que el linchamiento público, pero habría que preguntarse de una vez qué está pasando en Bilbao para que el hartazgo alcance tales dimensiones y pueda, si nadie lo remedia, alcanzar mucho peores. Y es que abundan ya las personas que prefieren tomarse la justicia por su mano a dejar al mangui en manos de la Policía. Total, dentro de un rato estará de nuevo en la calle.
Algunos sostienen que esta conflictiva situación, y lo que te rondaré, morena, es fruto de la permisividad legislativa. Se preguntan con un punto de demagogia, y otro punto de santísima verdad, qué ocurriría si los perjudicados, los atracados, los asaltados a punta de navaja, en lugar de contribuyentes comunes fueran consejeros del Gobierno vasco, concejales de la Villa, ilustres abogados, jueces o arartekos.
Otros opinan que nuestras políticas sociales han producido un efecto llamada entre los delincuentes extranjeros, en especial los menores de edad. Afirman que aquí se ha asentado lo mejorcito de los alrededores y que deberían hacerse cargo de semejante carga el responsable del ramo y los sectores que le han bailado el agua. “¡Que se los lleven a su puta casa!”, grita la población exaltada.
EL PUEBLO JUSTICIERO
Doble problema
Yo ignoro quién es el culpable o el responsable, pero sí sé que el conflicto existe y que, por falta de soluciones, empieza a ser grave y doble. Antes el problema era, básicamente, el aumento de una muy determinada delincuencia. Ahora hay que sumarle el de la justicia tabernera, la mera venganza, el odio que se está extendiendo ante la manifiesta ineficacia institucional.
Lo de Rekalde no es una anécdota, es el reflejo de que algo va mal, muy mal, y que va camino de ir peor. Supongo que ya nada cabe replicar a los que ven la sombra del racismo y la patita de la xenofobia tras cada denuncia vecinal.
Al parecer, la gente hastiada de tantísimo robo y tan escasísima solución es de naturaleza ignorante y alarmista, masa asustadiza y populista que no entiende el intríngulis del asunto. En realidad le basta con sufrirlo. Y quien menosprecia esa impotencia e indignación, y las considera expresiones del iletrado vulgo, no será xenófobo ni racista, no. Es clasista.
Yo ignoro quién es el culpable o el responsable, pero sé que el conflicto existe
Ahora hay que sumarle el problema de la justicia tabernera, la mera venganza
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