Insultadas por solidarias
Dos ciudadanas de La Arboleda se han ganado la enemistad de algunos vecinos por relacionarse con la familia que se mudó hace un mes y medio y fue repudiada en el pueblo.
Deia, 02-07-2009CUANDO llegan al parque con sus hijos, muchas madres agarran a los suyos y se marchan. Si salen de paseo o a hacer recados, hay vecinos que ya no les dirigen el saludo ni les dan los buenos días. Como si de la noche a la mañana hubieran cruzado una línea y se hubieran alistado en el ejército enemigo. Es la complicada situación que desde hace mes y medio sufren Begoña Hidalgo y Susana Mackova, dos ciudadanas de La Arboleda que han visto cómo parte de sus vecinos les ha dado la espalda por fraguar lazos de amistad con la familia de etnia gitana que ha despertado un importante rechazo social en el pueblo minero.
Aseguran que la inquina contra ellas comenzó cuando sus niños comenzaron a jugar con los hijos del matrimonio repudiado al poco de trasladarse a su nuevo hogar. “Mi hija de ocho años y la suya se hicieron amiguitas y eso parece que a la gente le sentó mal”, explica Begoña. Gracias a esta relación infantil, los adultos también se conocieron y comenzaron a tener trato a menudo.
Hace mes y medio, con los vecinos movilizándose todavía en contra del realojo, Begoña y Susana acudieron a casa de Manuel y Laura para hablar con ellos. A la salida, según denunciaron ayer, varios ciudadanos que hacían guardia a la puerta del inmueble les lanzaron todo tipo de improperios. “Nos llamaron hijas de puta, nos gritaron que buscáramos un trabajo y nos advirtieron que se nos iba a cortar el grifo de las ayudas sociales”, recuerdan.
Las dos, tras realizar una consulta con la abogada de la familia, han decidido presentar una demanda por estos supuestos insultos. Desde entonces, señalan, la presión contra ellas ha remitido, pero bastantes ciudadanos han creado un vacío a su alrededor. “Gente que antes nos saludaba, ahora ya no lo hace”, lamenta Mackova, quien opina que están siendo “discriminadas” por tener una opinión diferente a la del resto de vecinos.
“Nos acusan de estar en contra del pueblo”, añade, pero su amiga tiene claro que a ella “nadie” le va a “imponer con quién puedo o no relacionarme”. Pero la presión a la que se ve sometida por parte de los vecinos que rechazan la llegada de la familia gitana no ha conseguido hacer mella en ella, por eso no se ha acobardado ante estos incidentes y sigue saludando a la familia cada vez que se la encuentra.
Algunas madres se marchan con sus hijos del parque cuando llegan ellas y les niegan el saludo
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