Volver a empezar con 18 años y sueños en la maleta
Diario de Noticias, 26-06-2009“lo importante es conocernos para poder entendernos y respetarnos”. La frase, con toda su carga de profundidad, es de un chico de 18 años que cruzó el Estrecho jugándose la vida. Ibrahima Ndiaye se imaginaba viviendo sólo cuando que se embarcó en una patera hace dos años con el peso de la incertidumbre y determinado a ofrecer una vida más próspera a su familia. Llegó a Canarias, y de ahí a Navarra. En Senegal no esperaba vivir primeramente en un centro de acogida con más chicos. Hoy es consciente de lo importante que ha sido su paso por Nuevo Futuro, no sólo por tener un trabajo y papeles, sino por haber “aprendido mucho”. En la escuela taller se especializó en carpintería y ahora trabaja en el concejo de Arandigoyen en el área de servicios múltiples.
Mohamed Enadli, marroquí de origen, hizo el mismo viaje hace tres años. Hoy, es un chaval “modélico” según sus monitores. No deja de sonreír ni hay sombra de dolor en su rostro. Es presente y futuro en estado puro. Entró en un piso de Nuevo Futuro hace tres años y apenas hace tres meses que se independizó. Se forma como fontanero en la escuela taller del Ayuntamiento de Burlada aunque le gusta más la soldadura. El camino a la independencia ha sido “un poco difícil”. “Nos toca hacer de todo, no es como antes”, pero prefiere vivir en compañía (con dos compañeros) para compartir experiencias, eso “mejor que sólo”. Y “esperaoque se mueva un poco la construcción para que haya trabajo”. Este verano irá a ver a su familia por primera vez desde que se marchó. ¿Están orgullosos de ti?: “Eso espero, aunque mi padre no estaba de acuerdo con mi partida”, responde el hijo mayor de la casa.
Ibrahima también tiene familia numerosa. Todas las semanas habla con ellos. Tiene hermanos que quieren seguir su senda pero él les desanima. “No hay trabajo y se juegan la vida”, responde. ¿Tu volverías a hacer ese viaje?: “No, la situación es más dura de lo que pensábamos. No hay trabajo”. “Hemos venido porque nos llamaron los que encontraron trabajo rápido”, explica. “Tengo hermanos pequeños porque mi madre se murió y les tengo que ayudar. Están estudiando y mi padre está enfermo. Me gustaría que tuvieran otra casa”, indica. “Lo que tengo prefiero compartirlo con ellos, que no les falta de nada. Son mis hermanos y los quiero pase lo que pase”, añade. Lleva tres años sin verles y también tiene unas ganas locas de viajar. Tiene pareja en Senegal pero sin compromiso. Su madre dice que le espera pero “depende de mí”. Sabe que ha tenido suerte, tiene papeles aunque el reto de ganar dinero no ha llevado una evolución tan rápida ni abundante como esperaba. En el concejo trabaja a media jornada, “está bien pero seguiré trabajando”. Se ha sacado el carné y ya tiene un portátil. “He aprendido, me han tratado muy bien, el problema es el idioma, hay que seguir aprendiendo”, dice.
Voluntariamente decidieron participar en el programa de acompañamiento de Nuevo Futuro. “Si algún día tenemos un problema sabemos que podemos contar con ellos”, asegura Mohamed. Les gusta Navarra para vivir porque, dicen, hay gente “maja, amable y noble”. Algunas veces se sienten “juzgados” por su origen. “No tiene nada que ver cómo has llegado, si en patera o en avión. Todos me merecen respeto. Yo tengo mi familia en Senegal pero otra aquí a la que quiero”, afirma Ibrahima mirando al coordinador Mikel Ciriza. Ya se han ofrecido a ayudar a los nuevos MENAS. Los logros son visibles, y el punto de partida: “unos valores y un entrenamiento personal envidiables”, asevera Laura.
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