El racismo, el miedo y la crisis empujan a la mayoría de los emigrantes de Rumanía a regresar a su país

Los rumanos del Uslter se rinden

La Vanguardia, , 24-06-2009

RAFAEL RAMOS – Belfast. Corresponsal

Jóvenes protestantes, educados en la violencia, perpetran gran parte de los ataques xenófobos
El racismo y la xenofobia han vuelto a ganar otra batalla, esta vez en Irlanda del Norte, donde un centenar de gitanos rumanos han decidido regresar a su país después de que sus domicilios de una barriada protestante de Belfast fueran atacados con ladrillos, piedras y bombas incendiarias al grito de “extranjeros, fuera”.

A pesar de que todos los partidos políticos del Ulster se unieron en la condena de la agresión, la gran mayoría de los afectados (100 de un total de 114 catorce) han aceptado la oferta de un billete de avión gratis a Bucarest. En parte por el miedo, en parte por la sensación de no ser queridos aquí, y en parte por la desaparición de oportunidades laborales como consecuencia de la crisis.

Las emisoras de radio y las páginas web de los diarios han estado llenos de comentarios tan xenófobos como contradictorios, unos acusando a los gitanos (y de paso a los chinos y emigrantes de la Europa del Este) de “no trabajar y vivir de los subsidios sociales”, y otros de “robar nuestros empleos aceptando cobrar menos”. Pero en realidad, Irlanda del Norte no es ni más ni menos racista que la mayoría de países europeos, sólo que el recurso a la violencia aquí se ve normal tras cuatro décadas de virtual guerra civil que han dejado más de tres mil quinientos muertos.

Los responsables de los ataques contra los rumanos son jóvenes protestantes vinculados a bandas paramilitares lealistas que antaño se dedicaban a matar católicos y ahora han renunciado a la lucha armada, pero cuyos instintos violentos son muy difíciles de erradicar. Se trata de una comunidad alienada, que considera que todo el mundo es su enemigo, y que ha salido mal parada de los acuerdos del Viernes Santo.

Mientras sus ancestrales rivales republicanos se han integrado al sistema y han visto nuevas posibilidades, ellos siguen en el remolino de la miseria de los guetos.

De los poco más de un millar de incidentes racistas registrados el año pasado en el Ulster contra los treinta mil inmigrantes de la región, la mayoría fueron responsabilidad de muchachos protestantes de barriadas degradadas en muchas de cuyas familias no trabaja nadie, y tan sólo uno de cada diez chicos pasa de la escuela primaria. Cuando a un niño le preguntas lo que quiere ser de mayor, no es raro que responda “ex presidiario”´. Mientras, los antiguos líderes paramilitares protestantes se han reciclado en mafiosos y traficantes de droga, van con las chicas más guapas y patrullan las calles en sus Range Rovers y Hummers.

En este época se hace de noche muy tarde en Belfast, los días son largos, no hay colegio ni dinero para juergas, y la vieja diversión de liarse a pedradas con los católicos ha quedado obsoleta. Para los gamberros protestantes, la mejor alternativa es tomarla con los inmigrantes extranjeros. Odiar a alguien es divertido.

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