Ni la influenza llegó a los paisanos

El Universal, 15-06-2009

ricardo.gomez@eluniversal.com.mx

SEATTLE. Esta ciudad estadounidense concentra un gran número de mexicanos que han pasado la frontera en busca de una mejor oportunidad.

Aquí no afectó mucho la epidemia de influenza humana, dice Martha, empleada de un hotel de cinco estrellas de la Quinta Avenida, a quien secunda otro mexicano. Si acaso se habló del caso de una niña con síntomas, aquí a unas cuadras, pero nada más.

Édgar, oriundo de Texcoco, es otro mexicano que hace tres meses dejó a su familia para pasar de un sueldo de 8 mil pesos mensuales en México a más de 40 mil pesos que gana ahora, en un restaurante y en trabajos de reconstrucción, pintura, yeso y remozamiento.

En la frontera mexicana, el pollero le cobró más de 20 mil pesos por traerlo de este lado y llegar hasta aquí, esta ciudad de ensueño cuyos cimientos están repletos de mexicanos, latinos, hispanos, que conforman la fuerza laboral del país, que hasta ahora no ha considerado una reforma para legalizarlos.

En esta ciudad de lujo se gana bien, pero también se gasta mucho. Édgar tiene que comer, donde caiga, una hamburguesa, un hot dog, lo que sea y que sea barato, para no desajustar el dinero que manda a México, a su esposa.

Cuenta su historia abordo del bus de la ruta 66 que lleva al centro; es sábado y, después de trabajar, ya es momento del relajamiento, de divertirse y tomar una cerveza, acompañado por otros mexicanos, que aquí tienen que juntarse para hacer comunidad, para hacer patria.

Las oportunidades de empleo y la lucha por salir adelante han incluso propiciado que entre los mismos mexicanos se marginen. Los grupos salen a flote y entre paisanos hay racismo y discriminación, acepta Óscar, quien es parrillero en la cantina Elephant & Castle, junto con un guatemalteco.

Es el tema migratorio, siempre el más importante en las reuniones interparlamentarias México – Estados Unidos, como en la edición 48 que culminó aquí el sábado pasado.

Es el tema de siempre, al que se refiere el representante demócrata Ed Pastor, quien acepta que hubo un llamado a México para que no sólo pida una reforma migratoria para ayudar a Martha, a Édgar, a Óscar, rostros invisibles de una comunidad latente y que ayuda al proceso económico, sino para que también evite la salida de más mexicanos y genere empleos y buenas oportunidades.



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