Hilda Molina se reúne con su familia en Argentina después de tres lustros

ABC, CARMEN DE CARLOS | BUENOS AIRES, 15-06-2009

Quince años de espera, de protestas, súplicas y hasta de un intento de asilo político en la Embajada de Argentina en La Habana, han dado sus frutos. Hilda Molina, la neuróloga que tiempo atrás fue íntima de los hermanos Castro, logró permiso para viajar, dijo adiós a la isla y aterrizó ayer en Buenos Aires.

En esta ciudad, por primera vez en su vida, pudo ver en persona a sus dos nietos, Roberto Carlos, de 13 años y Juan Pablo de 8. También por primera vez abrazó a su nuera, la argentina Verónica Scarpatti, a quien sólo conocía por fotografías. Su hijo, el médico Roberto Quiñones, y el resto de la familia menos su madre – nonagenaria ingresada en un hospital porteño – la recibieron con tres lustros de retraso.

La neuróloga llegó, según su palabras, sin «una gota de rencor» contra Fidel y Raúl Castro. «No tengo ningún problema con ellos; no estoy de acuerdo con su Gobierno pero eso no quiere decir que dé criterios malos de ellos como personas, porque no estoy educada de esa forma ni les tengo una gota de rencor».

Con los ojos empañados

Sus declaraciones, realizadas minutos antes de tomar el avión de Cubana de Aviación que la trajo a Buenos, las ratificó más tarde en la capital argentina. En el aeropuerto internacional de Ezeiza Molina, con los ojos empañados, manifestó su alivio y alegría por el reencuentro con los suyos: «Gracias a todos los que me ayudaron y a Dios», dijo. Horas más tarde celebraría una rueda de prensa.

La médico, que rompió con el régimen cubano en 1994, viajó con un visado de un mes fruto, según fuentes gubernamentales, de un acuerdo entre Raúl Castro y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, durante la visita de esta última a principios de año a la isla. No obstante, según el diario «Clarín», fue «la Santa Sede la que pidió al Gobierno de Raúl Castro que la dejara viajar».

El caso de la neuróloga, seguido con detalle por la prensa nacional e internacional, provocó un incidente diplomático entre Argentina y Cuba durante la última salida de Fidel Castro al exterior. En el año 2006 el dictador, antes de caer enfermo, asistió en la ciudad argentina de Córdoba a una reunión multitudinaria de miembros del Mercosur. El por entonces presidente, Néstor Kirchner, aprovechó la ocasión para entregarle una carta a Castro solicitando la liberación de Hilda Molina para reunirse con su familia. El gesto, resultado de las informaciones que había recibido del Ministerio de Asuntos Exteriores que apuntaban al éxito de la misiva, fue un fracaso. Castro lo consideró una agresión e hizo caso omiso a la misiva.

Ahora, con el triunfo en la mano, el Gobierno argentino, de momento, no puede sacarle mucho partido al viaje de Molina ya que Cristina Fernández se encontraba ayer en Ginebra. No obstante, algunos observadores consideran que beneficia a la campaña del ex presidente Kirchner, cabeza de lista a diputados en las elecciones legislativas del 28 de este mes.

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