¿Qué hacer con los necesitados?

Diario Vasco, JAVIER ELZO, 13-06-2009

Estaba tomando un café en un bar de Donostia el día pasado cuando un hombre, que resultó ser búlgaro, me pidió dinero. Me negué a dárselo, como hago habitualmente, pero él siguió insistiendo con gestos que daban a entender que tenía hambre. No tuve el reflejo de ofrecerle un bocadillo, reflejo que, sin embargo, sí tuvo el dueño del bar e incluso le dio el de chorizo que, manifiestamente, prefería el búlgaro. A mi pregunta, el dueño del bar me dijo que era la primera vez que le veía.

Al día siguiente, esta vez sentados en una heladería, se nos acercó otra persona pidiendo dinero. Este segundo era ya conocido para los que estábamos en la mesa y obviamente no le dimos nada. El camarero incluso le dijo que no volviera más.

Este segundo episodio suscitó comentarios. Decíamos que ante la crisis veíamos más mendicidad en las calles y nos preguntábamos si era bueno darles dinero pues corríamos el riesgo de hacer de ellos (de algunos, al menos) profesionales de la mendicidad. De ahí pasamos a preguntarnos qué hacer con los parados que, estando en buenas condiciones físicas, se limitan a recibir su subsidio de desempleo, sin aceptar algunos trabajos que podrían realizar. Máxime cuando tampoco se inscribían en cursos de reciclaje y de preparación.

Y en estas, Cáritas nos dice que con la crisis no dan abasto. Que el año 2008 en Gipuzkoa más de 20.000 personas recibieron atención y ayuda en Caritas, 5.000 más que en 2007, incremento que se mantiene en lo que llevamos de 2009.

El perfil de los asistidos está conformado, básicamente, por inmigrantes sin trabajo y madres solas con hijos a cargo, aunque ya se apuntan autóctonos sin trabajo y sin poder pagar su vivienda. Es evidente que la ayuda se impone a poco que el egoísmo no nos haya anegado por completo la compasión.

Ya he dicho que no soy partidario de dar directamente dinero en la calle. También sabemos que, demasiado frecuentemente, las ayudas que damos para necesitados no llegan a buen puerto. De ahí la enorme importancia de saber que nuestra ayuda será gestionada correctamente. Cáritas, entre otras entidades, ofrece una garantía sin falla. Para los cristianos la caridad es una obligación. Como para los musulmanes, para quienes la ayuda al necesitado es uno de sus cinco pilares básicos.

Cuando a los jóvenes, tantas veces vilipendiados, se les pregunta qué supone para ellos ser una persona religiosa, responden, sean o no creyentes, esto: creer en Dios (sin que la mayoría sepan decir que ponen detrás del término Dios) y ayudar al necesitado, y aquí sí saben lo que quieren decir.

Además dan en el clavo. Recuerden. Mateo 25: «Venid a disfrutar la felicidad eterna, porque tuve hambre y me disteis de comer, sed y me disteis de beber, enfermo y me visitasteis… Eso es ser cristiano y, por eso, Cáritas es el corazón de la Iglesia. De ahí que propongan entregar un día de salario al mes para ayudar a los que, perentoriamente, lo necesiten. En Gipuzkoa ya hay 2.000 familias así comprometidas.

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