«Aquí puedes ser delincuente y cobrar una ayuda social»

El Correo, AINHOA DE LAS HERAS, 13-06-2009

Moulay Driss vino hace años desde Marruecos a estudiar. Hoy es empresario. Regenta un locutorio y otros negocios en el multicultural barrio bilbaíno de San Francisco. Representa a sus compatriotas en la Asociación de Marroquíes de Bilbao y asegura que «los más perjudicados» con la alarma social generada por el aumento de delitos cometidos por magrebíes son los «inmigrantes normales y corrientes» que, como él, «trabajan y sufren».

- Dos mujeres han sido asaltadas sexualmente esta semana en Bilbao por parte de jóvenes magrebíes. ¿Cómo acoge su comunidad estos hechos?

- Conozco a la gente marroquí, aquí en San Francisco hay 30 negocios regentados por marroquíes. Son gente que trabaja, sufre… ¿Cuántas denuncias de violación hay, dos o tres frente a los 1.000 ó 2.000 casos de todo el País Vasco?

- Los jueces vascos han expresado su preocupación por el aumento de los delitos cometidos por jóvenes magrebíes, en muchos casos menores de edad. ¿Qué cree que está pasando para que se produzca esa situación?

- Si me habla de robos, palizas… Yo mismo tengo un juicio en septiembre porque me robaron dos marroquíes en el locutorio, y no soy chino. Pero es diferente robar que violar. En Marruecos se puede entender un robo, pero no una violación. Hay una línea roja. No hay nada que justifique una violación. El inmigrante en general está tocado por la crisis. Hay impagos, embargos… No me extrañaría que gente que nunca ha delinquido empiece a robar por necesidad, para comer. El País Vasco resulta atractivo para los inmigrantes. En Madrid o Alicante, cuando les pillan les mandan a su país, y vienen aquí porque creen que hay pasividad con la delincuencia; el sistema no es tan duro con ellos. Hay un grupo que piensa así. También vienen a Euskadi por la cantidad de ayudas sociales existentes. La renta básica no está en otra parte. Aquí puedes ser delincuente y cobrar la ayuda.

- Ésa es una crítica demoledora al sistema.

- Es durísimo para la gente normal como yo, que trabaja, que sufre y que no puede desarrollar determinadas cosas.

- ¿Ha sentido rechazo en los últimos días?

- La gente se te queda mirando por la calle. Bueno, cuando llevo traje y corbata, más o menos te catalogan, y si estás con tu familia te respetan un poco, pero el fin de semana si voy de ‘sport’… El primer afectado es el inmigrante normal y corriente, que va a una discoteca y no le dejan entrar, a un lugar público y empiezan a mirarle, a un supermercado y le siguen las miradas.

- ¿Es partidario de la expulsión?

- El que cometa un delito me da igual, no tengo nada que decir. Que caiga la ley sobre él, pero que se aplique a todos igual, al de aquí y al de allá.

- ¿Qué está pasando con los menores?

- Esos chavales de 18 años, ¿dónde han estado antes? Lo normal es preguntar a la Diputación qué es lo que ha hecho con ellos. Si han estado en un centro, entonces es que el programa falla, no sirve para reinsertarles. Si no le preguntamos al inmigrante menor por qué ha venido, y no le formamos en un oficio para que llegue al mercado laboral… Si coges al menor, le metes en un centro y no hay un programa de educación, sólo le enseñas castellano por la mañana y el fin de semana le das la paga, la institución se convierte en un aparcamiento. Un programa puede valer para gente de aquí, pero igual para alguien que ha nacido en Marruecos y se llama Mohamed, no. Hay que evitar que esos centros se conviertan en un paso hacia la delincuencia.



- ¿Qué solución propone?

- Hay un problema muy gordo: los chavales usan el centro para conseguir los papeles. Vienen a buscarse la vida, a mejorar, no a delinquir; pero si les metes en un centro con otros chicos delincuentes, mayores, en un gueto, y mañana ven que uno tiene un móvil que vale 500 euros y la cartera llena de chapas, pues también harán lo mismo. ¿Por qué van a ir con sandalias si el que está a su lado lleva zapatillas de 100 euros? Yo tengo dos hijos, y si le compro algo a uno, al otro también. Es normal, son niños.

- En algunos casos son los propios padres los que les envían.

- Para mejorar su vida sí, pero no creo que ningún padre envíe a su hijo a delinquir; pongo la mano en el fuego. No esperan que acaben en la cárcel. La mayoría se escapan; yo conozco casos de padres que quieren que su hijo vuelva y no hay forma. Les llaman por teléfono y les mienten, dicen que están trabajando y yo sé que son delincuentes. En algunos casos la situación familiar es extrema, no les pueden dar un colegio, les mandan aquí para que prosperen y también esperan que les entreguen a ellos dinero. Hay chavales que han estado en centros y están insertados y trabajando.

- ¿Tan mal están en su país?

- No todo el mundo que viene está bien informado. Pensaban que aquí había oro, y que simplemente había que coger la escoba y empezar a recoger. El inmigrante de aquí ha transmitido al país de origen falsas expectativas: llega el verano y baja con un buen coche, pero no es la vida que lleva todo el año aquí, sino que se prepara para ir bien guapo y lucido. Cuando le ven, también quieren lo mismo; eso les empuja a salir de Marruecos, aunque allí no hay hambre, eso también hay que decirlo. No es Etiopía. Todo el mundo come pan, pero no todos tienen coche. Vienen para mejorar.

- Usted es un ejemplo.

- Yo vine a estudiar y me quedé, aunque no tenía que haberlo hecho. Sinceramente, con lo que estoy viendo no estoy a gusto. Llevas años trabajando, sufres y pagas el doble que otro. Aunque tengas coche y un traje, mentalmente no estás bien.

- ¿Qué diferencias ve entre un joven magrebí y uno español?

- Un montón. Entre uno que no tiene nada y otro que sí. Comparado con un chico con padres y hermanos y que va al colegio, un menor sin familia, tenga lo que tenga…, la Diputación jamás va a sustituir a los padres.

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