Ejército gitano

El Correo, ÓSCAR CUBILLO, 03-06-2009

Se rozó el lleno en el Arriaga el lunes para ver la presentación oficial del álbum ‘Nueva Frontera del Cante de Jerez’. Abrió con un set breve, menos de 40 minutos, Juan Moneo, alias El Torta, un cantaor mercurial y temperamental que resolvió el papelón a base de oficio. Elegantísimo con su traje crema, incómodo y sudoroso, echando tragos de un vaso de plástico presuntamente lleno de güisqui, El Torta no dio el cien por cien y lo reconoció al decir que generalmente canta a las tres de la mañana, y que esas no eran horas para él.

Cumplió en las alegrías inaugurales y dibujó garras con su sufrir en las seguiriyas cuyo deje jondo y reverberante se incardina con voces como las del Agujetas o el difunto Chocolate, clásicos a los que cuando les vimos en vivo no podían llegar a ese tono de puro viejos. Al final El Torta acortó los cantes y remató a topetazos taurinos por bulerías. Como dijo aquel: «Prefiero un Torta al 50 % que un Arcángel al 200 %».

Luego, los chavalillos cumplieron al trasladar lo genuino a una disposición escénica propia de los ballets flamencos famosos. Entonaban raciales, con un rajo insólito en veinteañeros, y sin perder la compostura ni manchar sus trajes echaban chupitos de tío Pepe al interpretar. Se animaban entre bambalinas y se dejaban llevar por el duende. El Tolo, Mijita, Quini, Moneíto, el Niño de la Fragua y el resto manejaron desde las soleás y las seguiriyas a las bulerías y las malagueñas, preservando un arte que podrían con orgullo pasear por los teatros de España.

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