Mesa de redacción
Los rumanos
Deia, 06-05-2009MUCHOS de los que leen esta columna tienen la ocasión, a diario, de cruzarse en su portal, en su barrio, en su ciudad, con inmigrantes, con personas de otra raza, de otro color de piel, de costumbres vitales diferentes. Pueden ser estos rumanos, latinoamericanos, africanos o de cualquier otra procedencia. Han llegado a Euskadi por motivos dispares, la mayoría escapando de la miseria, del hambre, de la persecución política. Y la sociedad vasca les ha acogido con naturalidad, con cariño, con sensatez. Ahora el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, propone que el Estado pague el viaje de vuelta a Rumanía a todos aquellos inmigrantes que se quedan en paro y sin recursos. Medida perfecta si se suma a otras convenidas con el país que vuelve a recibir a los seres humanos que llegan a ser tratados como pelotas de tenis. La crisis actual ha sacado a la luz a miles de personas de otros países que llevan meses, años, trabajando en localidades vascas pero que no constan en ningún censo legal. Incluso teniendo trabajo, porque la economía sumergida siempre se ha alimentado de este tipo de graves e inhumanas irregularidades. Dice el ministro que aquellos que decidan volver a su tierra podrán cobrar el paro que les corresponde si certifican que van a buscar empleo de forma activa en su país de origen. Difícil papeleta tienen si en su día salieron porque no encontraban nada que llevarse a la boca. Medidas de este tipo no parecen las más adecuadas, puesto que ya algunos colectivos afectados han venido a decir que en cualquier comunidad del Estado se está mejor, incluso en el paro, que en el país donde uno ha nacido. Las decisiones erráticas en materia de inmigración no llegan al fondo del asunto. Son parches que sirven para ganar tiempo.
osubijana@deia.com
(Puede haber caducado)