ELECCIONES EE.UU.
Negro vota a negro
La Vanguardia, , 20-10-2008Aunque el senador Obama tiene todos los números para convertirse en el cuadragésimo cuarto presidente de Estados Unidos, en los apenas quince días que quedan para las elecciones aún hay margen para la sorpresa y, en un año como el actual, en el que cambian las cosas cada semana, por no decir cada día, no puede cantar victoria. Si pierde, es evidente que en Estados Unidos – ya no digamos en Europa, Oriente Medio o África- se atribuiría su derrota casi exclusivamente al color de su piel, al prejuicio racial que supuestamente aún anidaría en los corazones de un sector considerable de sus compatriotas.
Por el contrario, la victoria de Obama representaría un giro radical de las racial politics del país, de la influencia histórica de los factores étnicos en las elecciones para el Senado y la Cámara de Representantes de Estados Unidos (en la esfera presidencial, lógicamente, no hay precedentes).
Y es que, en este tipo de comicios, que los ciudadanos blancos voten a candidatos negros es verdaderamente excepcional. De los 435 miembros de la Cámara de Representantes, aproximadamente una cuarentena son afroamericanos. Como es lógico, estas estadísticas no son muy precisas por razones de corrección política. En propiedad, no puede hablarse de razas – la única raza es la humana- sino de etnias y, en ocasiones, la etnia no está nada clara, dicho sea sin ánimo de jugar con las palabras. Keith Ellison, representante por el distrito quinto de Minnesota, fue noticia hace dos años al convertirse en el primer musulmán en el Congreso de EE. UU. Su piel es más blanca que la de muchos españoles o italianos y, sin embargo, es miembro del Black Caucus, el grupo de congresistas y senadores afroamericanos (en realidad senadores sólo hay uno, precisamente Barack Obama).
Pues bien, de ese grupo relativamente numeroso de congresistas, tan sólo cuatro (en los estados de Indiana, Misuri, Wisconsin y, curiosamente, en la sureña Georgia) son elegidos por distritos con electorados de mayoría caucásica, el eufemismo que se utiliza allá para designar a los blancos. En los demás casos, la mayor parte del electorado es afroamericano, a menudo forzando las fronteras del distrito para incluir el número máximo posible de electores negros y haciendo así muy probable que el congresista elegido sea de esa etnia.
En dos o tres distritos de California representados por congresistas afroamericanos, la minoría mayoritaria del electorado es de origen hispano (a veces de hasta un 40%), pero sus índices de participación son muy bajos y, sobre todo, no votan tan en bloque como los negros desde el punto de vista étnico.
En el Senado, la situación es aún más llamativa. Desde la Reconstrucción, el periodo inmediatamente posterior a la Guerra Civil, cuando los senadores eran designados y el Norte impuso al Sur legisladores negros para humillar a la Confederación, los afroamericanos en la Cámara Alta han sido sólo tres en los últimos cien años. El primero fue Edward Brooke, republicano de Massachusetts, que ocupó el cargo de 1967 a 1979. En 1992 fue elegida una senadora negra, Carol Moseley-Braun, demócrata por Illinois, que gobernó sólo un mandato. El tercero es Barack Obama, también de Illinois, a pesar de que el estado adyacente al lago Michigan apenas cuenta con un 15% de población afroamericana.
En definitiva, y desde ese punto de vista, la elección de Obama no tendría precedentes. Pero hay que ser muy cauto para acusar de racismo a todo un país. Se da la circunstancia de que los dos únicos países grandes que practicaron total o parcialmente la segregación racial – Sudáfrica y Estados Unidos- son hoy en día las dos únicas sociedades en las que existe una clase media importante de ciudadanos negros. Racismo, lo que se dice racismo, es esa anécdota de los años sesenta del amigo californiano de Frank Sinatra, quien, obligado por la Voz a acoger en su piscina al afroamericano Sammy Davis jr., se apresuró el día siguiente a cambiar el agua de la alberca.
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