ANÁLISIS
Ya les suspenderá la vida
La Vanguardia, , 30-09-2008Con defensores como estos, los futbolistas del FC Barcelona no necesitan enemigos. “A los jugadores que ni los toquen”, advirtió el presidente Laporta en TV3, trazando así una línea que presupone, en el fondo, que un futbolista sólo tiene que saber manejar un balón (hablando de tocar, chirría la reacción tabernaria de Laporta en el palco cuando alguien le cogió amistosamente del brazo).
¿Por qué los futbolistas son intocables? ¿Por qué han de permanecer ajenos a un debate imprescindible en el fútbol sobre algo que algún día – violencia, racismo- les puede afectar? El criterio de sus defensores implica a menudo esta respuesta: porque son unos jóvenes inmaduros a los que no se les paga por pensar fuera de un campo.
Es vergonzoso que, ya duchados, la mayoría de los jugadores del Barça saludase triunfalmente ante un grupo de descerebrados por muy de nuestra tribu que fuesen. Salvo Puyol, más digno que nunca, todos rieron la gracia a una grada que representaba lo peor del fútbol, ese bonito deporte cuyas esencias, al parecer, sólo estamos obligados a guardar los que no vivimos de él. Sigamos “no tocando” a estos chicos y sigamos protegiéndoles como si fueran bobos. Ya les suspenderá la vida.
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