EDITORIAL: 'Fallos de seguridad en el Espanyol-Barça'

El Periodico, , 29-09-2008

Los penosos incidentes que se vivieron el sábado por la noche en el estadio de Montjuïc durante el partido de fútbol disputado entre el Espanyol y el Barcelona deben abrir una nueva reflexión sobre la violencia en los acontecimientos deportivos. Sin caer en la exageración, el lanzamiento de bengalas desde lo alto del estadio, el lugar que ocupaban los ultras azulgranas, pudo provocar una tragedia. No fue así, pero el peligro fue evidente, por lo que ahora cabe analizar el comportamiento de los Mossos, del club anfitrión y de los jugadores y directivos de ambos equipos.
El hecho de que los Boixos Nois anunciaran desde hace días en internet que había que despedir al estadio de Montjuïc “como se merece” indicaba que preparaban acciones violentas. Es cierto que agentes de la policía catalana escoltaron a los radicales del Barça hasta el recinto. Pero no hicieron nada mientras, camino del campo, lanzaron bengalas, y lo que es peor, no detectaron que algunos accedieron al recinto con esos artefactos pirotécnicos, que son de un tamaño suficientemente grande como para ser detectado en un cacheo. Una vez lanzadas las bengalas dentro del estadio, los mossos decidieron no intervenir para evitar avalanchas y se centraron en identificar y detener a quienes las arrojaron contra el público. Se trata de una estrategia pasiva que hoy estaríamos lamentando si alguna de las bengalas hubiera producido heridos graves.
Pero tampoco los servicios de seguridad del Espanyol funcionaron bien. Ellos son los responsables de los controles en las entradas y de la ubicación de los grupos potencialmente peligrosos. Esta vez no lograron desarmar a los indeseables. Es, además, una temeridad que los ultras ocupen la parte alta del graderío, desde donde pueden lanzar objetos con evidente peligro.
Tampoco el presidente del Espanyol, Daniel Sánchez Llibre, tuvo su mejor día al decir, en caliente, que la liga “está prostituida”, lo que remite a una actuación arbitral premeditadamente favorable al Barça. Tales afirmaciones no contribuyen en ningún caso a erradicar la violencia.
Finalmente, es vergonzoso que algunos jugadores del Barça celebraran el triunfo con el sector de aficionados que provocó los incidentes. Los futbolistas tienen una gran responsabilidad en acabar con la lacra de grupos ultras, por más que sean estos quienes más calientan los partidos. Reír las gracias a estos energúmenos es un error gravísimo.

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