LAS REPERCUSIONES DEL DERBI|LA POSTURA AZULGRANA

Laporta reclama medidas más duras contra los violentos

"La afición es modélica, estos se esconden detrás del escudo", afirma

El Periodico, , 29-09-2008

JOSÉ MARÍA EXPÓSITO
BARCELONA

Al día siguiente de que un sector de los aficionados más radicales y violentos de la hinchada azulgrana provocaran los incidentes en el estadio de Montjuïc, Joan Laporta reiteró que el club no abandona ni abandonará la política de tolerancia cero que inició hace cinco años para erradicarlos del Camp Nou. El presidente del Barça aboga, incluso, por endurecer y ampliar las medidas legales para impedirles que puedan asistir a los estadios. Aunque no sean el azulgrana.
En una aparición anoche en el Canal 33, Laporta subrayó que el Barça no tenía “ninguna responsabilidad” en la venta ni en la presencia de ese grupúsculo en las gradas de Montjuïc. El dirigente les excluyó de cualquier tipo de representatividad. “La afición del Barça es modélica, estos se esconden detrás del escudo y de una bandera para practicar sus conductas violentas”, resaltó Laporta.

EL MARCO NORMATIVO
En vista de la dificultad porque se erradiquen las apariciones de los Boixos Nois -"como no pueden entrar en nuestro estadio, entran en otros quizá más permisivos- y de otros grupos de violentos, y de establecer un control más efectivo en los estadios, Laporta entiende que ha llegado el momento de que las autoridades den un paso al frente. Abogado de profesión, expuso una posibilidad.
“La policía hace lo que puede dentro del marco normativo que hay. Quizá haya que adoptar medidas preventivas más contundentes”. La idea sería copiar el dispositivo de otros países. Como Inglaterra, donde los aficionados violentos, ya identificados, tienen prohibida la entrada a los estadios “o están bajo arresto domiciliario los fines de semana”, puntualizó. Laporta insistió en que el Barça seguirá combatiendo a los radicales “sin bajar la guardia”.

LOS JUGADORES, “INTOCABLES
De la misma forma que defendió la actitud “cívica y ejemplar” de la hinchada del Barça, mostró cierta comprensión hacia las aireadas reacciones y los insultos que escuchó en su contra de los aficionados del Espanyol. Lo atribuyó a la “tensión” del momento, pero volvió a negar que el Barça tuviera responsabilidad en la venta de entradas y recordó que el dispositivo de control corresponde a las fuerzas policiales.
Pero no fue nada comprensivo en otro asunto. Los directivos del Espanyol les censuraron que saludaran a la grada donde estaban localizados los seguidores azulgranas tras los goles y al marcharse de Montjuïc. En particular, a Piqué, Henry y Etoo. “A los jugadores que ni los toquen, eso está fuera de lugar y no lo acepto”, protestó.

“Yo no les dejo entrar”, dijo en el palco de Montjuïc"
TRANSCRIPCIÓN DE LOS TENSOS MOMENTOS VIVIDOS POR LAPORTA DURANTE EL PARÓN DEL PARTIDO POR EL LANZAMIENTO DE BENGALAS.

“¡Es vuestro problema!”, grita Laporta a alguien de la zona vip que no aparece recogido por las cámaras. Laporta gesticula de forma vehemente con ambas manos.

“Es vuestro problema si les dejáis entrar. Yo no les dejo entrar”, añade, acompañándolo con un gesto de negación categórica. Mientras tanto, los directivos blanquiazules que le rodean, incluido Daniel Sánchez Llibre, parecen no ser conscientes de sus gritos. “¡No les dejo entrar al campo del Barça, hombre!”, añade con un esbozo de sonrisa, antes de insistir, señalando a su interlocutor pero mirando a otro aficionado del palco vip: “Es vuestro problema, por dejarles entrar”.

“¡A mí me han amenazado de muerte estos tíos!” (la última palabra no queda muy clara). Lo clama llevándose la mano al pecho, en el momento de más tensión. Da un golpe al aire con la mano y el reloj se le desabrocha. Se da cuenta y lo vuelve a abrochar. “Me han amenazado de muerte. Por no dejarles entrar al campo, me han amenazado”, repite. Sebastián Javier, responsable del área deportiva del Espanyol, y Josep Maria Borrell, del fútbol base, ponen la mano sobre su hombro y Laporta se gira violentamente. “No me toques, no me toques”, parece decirle a Javier con el dedo semialzado.

Minutos después, cruza la mirada con José Montilla, que le pide calma con un gesto. “Hombre, tranquilos, todos. A ver si ahora será culpa mía. Tranquilos… todos”, dice al presidente de la Generalitat.

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