EL MIRADOR
Enseñar al que no sabe
La Vanguardia, , 29-09-2008Alfred Rexach
El 9 de febrero de 1992, a punto de iniciarse un partido entre el Valencia y el Albacete, el holandés Guus Hiddink impidió que comenzara el encuentro si antes no se retiraba una bandera con la esvástica nazi. Lo consiguió.
El sábado noche, algunos jugadores del Barça no dudaron en jalear al estúpido y violento grupo de hinchas azulgrana (unos 400 majaderos) que minutos antes habían estado a punto de provocar una desgracia lanzando bengalas contra seguidores del Espanyol. Su entrenador, Josep Guardiola, intentó disuadirles con gritos y gestos, pero no lo consiguió y menos tras el segundo gol barcelonista. En esos momentos el espectáculo resultó insensato y repugnante, con Piqué, Puyol, Henry, Messi, Alves y otros animando a la turba.
Al terminar el encuentro, Guardiola justificó la actitud de sus pupilos diciendo que no se habían enterado de lo que sucedía en las gradas. Por lo visto, tampoco se habían enterado cuando, al filo de la una de la madrugada, los jugadores salían hacia el autocar correspondiendo con saludos a los berridos de la chusma.
Hay cosas que las televisiones no pueden mostrar. Son el miedo y la angustia de sentirse atrapado entre la masa, mientras llueven bolas de fuego. Esas negras emociones se padecieron el sábado en el Estadi Lluís Companys y resulta inexplicable que los tipos de las bengalas accedieran el campo con su carga pirotécnica. Los periodistas, sin ir más lejos, eran cacheados para acceder a sus lugares de trabajo en el campo. Luego, estos mismos periodistas fuimos largamente increpados por una vociferante, masa perica, sin que mediara protección alguna.
Los Mossos d´Esquadra, que manejaron la situación con acierto, fueron también tratados con cariño: “Perros, ¿a qué venís ahora?” “¡Que vuelva la Guardia Civil!”.
Alguien – ¿Guardiola quizá?- debiera enseñar a sus jugadores que se les paga para jugar al fútbol, no para alimentar las llamas.
Hiddink lo haría.
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