Análisis
Miedo en Montjuïc
La Vanguardia, , 29-09-2008Dagoberto Escorcia
La cara de niños llorando tendría que ser suficiente para juzgar de oficio y condenar con severidad las acciones que el sábado por la noche los hinchas ultras del Barça provocaron en el estadio Lluís Companys de Montjuïc con lanzamiento de bengalas sobre las gradas inferiores donde se encontraban aficionados del Espanyol. Allí había espectadores que acudieron con sus hijos a lo que, en teoría, iba a ser una fiesta del fútbol catalán, porque de haber sabido que encima de ellos iban a estar unos locos peligrosos posiblemente se lo hubieran pensado más. Quien vende entradas y deja entrar a sujetos dispuestos a causar el caos y sembrar el miedo en los estadios tiene una gran responsabilidad sobre los actos que ocurran en su escenario. Evitar la entrada de estos personajes puede que sea difícil, pero métodos para ello tienen que existir.
Los que estábamos en la tribuna de prensa fuimos testigos de la cara del miedo que dibuja este tipo de incidentes. La vimos también aquel desgraciado día que una bengala marina cruzó el campo de Sarrià y se estrelló en el pecho de un niño.
Recuerdo como su padre nos dijo: “Sólo veníamos a divertirnos, a ver un partido de fútbol”. Quizás por eso fueron muchos los aficionados del Espanyol que se acercaron a la tribuna de prensa, con los ojos sobresaltados y a gritos nos decían que miráramos lo que estaba pasando, que las bengalas estaban cayendo sobre espectadores tranquilos y que podía producirse una tragedia. Gracias a Dios la sangre no llegó al río, pero la imagen de los niños llorando muertos de miedo por lo que estaban padeciendo, porque también veían en sus acompañantes rostros de preocupación y susto es inadmisible e intolerable.
El derbi esta vez se saldó con heridos leves en las gradas, pero urge que se tomen medidas, y las primeras tendrían que llegar de los propios jugadores, esos que ayer se fueron a celebrar goles con los provocadores de las gradas. Los hombres tienen que ser juzgados por sus acciones, no por sus buenas intenciones, y dedicar victorias a sujetos peligrosos es sinónimo de reír sus gracias y de estar de acuerdo con lo que hacen.
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