HISTORIAS DEL MUNDO El Congreso de EE. UU. ha pedido el perdón póstumo para el primer campeón mundial negro de los pesos pesados, que fue a prisión por una condena racista

La gran esperanza negra

La Vanguardia, , 29-09-2008

DOMINGO MARCHENA – Barcelona

El púgil se aficionó al toreo en Barcelona, cruzó guantes con Buñuel y le dio una paliza a Arthur Cravan
ozo de cuadra, buscavidas, estibador, M actor, obsesión del Ku Klux Klan, prófugo de la justicia de Estados Unidos, asiduo de la Monumental, admirador de Joselito y amigo de Buñuel. Mujeriego y genial. Jack Johnson, nacido en Galveston, Texas, en 1878, hijo de padres que conocieron la esclavitud, fue todo eso y mucho más. Se hizo boxeador para tumbar el hambre y se convirtió en el primer negro que ganó el título mundial de los pesos pesados, en una época en que había unos lavabos para caballeros y otros para negros.

Portó su cetro entre 1908 y 1915. Realizó un centenar largo de peleas y sólo perdió trece, casi al final de su carrera. Tan insultante fue para algunos su dominio que de aquellos tiempos viene la expresión “la gran esperanza blanca”. La esperanza de encontrar un muchachote blanco que le diera por fin su merecido. Y como el muchachote tardaba en llegar, vino la justicia y lo condenó a un año de cárcel. Su delito:tener relaciones con mujeres blancas.

El Congreso de Estados Unidos aprobó el pasado viernes instar un perdón presidencial póstumo para él. Han tenido que pasar 95 años desde la sentencia y 62 desde que Jack Johnson falleció, en 1946, víctima de un accidente de tráfico, para que su país reconozca que fue “condenado injustamente y por motivos racistas”, ya que sólo se quería castigar “su éxito en el cuadrilátero y sus relaciones con mujeres blancas”. La rehabilitación cuenta con el apoyo, entre otros, del candidato republicano a la presidencia, John McCain, que en el 2005 envió una carta a Bush pidiendo que se lavara su honor. Jack Johnson fue condenado en 1913 por la infame Mann Act, una ley que castigaba a los solteros que viajaran con una mujer de un estado a otro con “intenciones inmorales”. La ley, que raramente se aplicaba a parejas no interraciales, fue la excusa para noquear al Gigante de Galveston. Su novia del momento se casó con él para salvarle, pero entonces apareció una amante despechada, también blanca, que declaró haber viajado con él.

Antes de que la sentencia se ejecutara, el matrimonio Johnson huyó a Europa, donde el púgil buscó sin éxito rivales a su altura. En Francia se aficionó al vodevil; en Barcelona, al toreo.

Aquí llegó a cruzar guantes con un gran aficionado, Luis Buñuel. Fue tirando gracias a peleas de exhibición, como una en la Monumental con el dandy local y poeta dadaísta Arthur Cravan, al que dio una soberana paliza.

Y así hasta 1915, cuando puso su corona en juego en La Habana y perdió. Él dijo más tarde que se tiró a la lona porque le engañaron y le prometieron que si lo hacía le perdonarían su condena.

Nunca nadie le perdonó nada. En 1920 regresó a EE. UU. y cumplió su año de cárcel. El Congreso ha reconocido que eso le arruinó la carrera y que ya no volvió a ser el mismo. Su vida inspiró una película, titulada precisamente La gran esperanza blanca.El exilio y la prisión acabaron con él, aunque su caso no fue tan dramático como el de otro boxeador negro, Rubin Huracán Carter, que se pasó 19 años entre rejas por un triple crimen que no cometió y cuya historia interpretó en el cine Denzel Washington. Al menos, a Huracán el indulto le llegó en vida, y no más de medio siglo después de su muerte, como a Jack Johnson, un hombre que se peleó contra todo y contra todos, menos contra el color de su piel.

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