El Invento del Maligno
Islamistas
Canarias 7, , 22-09-2008Cuatro emitió el viernes noche un nuevo reportaje de Jon Sistiaga. Se llamaba ‘Los legionarios de Alá’ y trataba de desentrañar las relaciones entre islam, islamismo y terrorismo, es decir, uno de los laberintos más complicados de la hora presente. El reportaje comenzó pasadas las once y media de la noche y terminó cuando el trabajador español medio ya estaba roncando a pierna suelta o con ganas de hacerlo. Qué tiempos aquellos, ¿verdad?, cuando los canales cierto que sólo había uno ponían estas cosas a las diez de la noche. Para compensar el desdén horario, Cuatro ha tenido la buena idea de colgar el reportaje de Sistiaga en su web, de manera que usted, si se lo perdió, puede verlo ahí: http://www.cuatro.com/videos/. La tesis de Sistiaga, presentada desde el principio, viene a ser la siguiente: hay un islam rico, el oficial, y un islam pobre, el marginado; entre uno y otro hay una enorme brecha sociológica por donde se cuelan son casi exactamente las palabras del reportero los inquietantes fenómenos de la violencia integrista y el terrorismo, en torno a grupos como los salafistas y los tabligis. A partir de ahí, Sistiaga viaja a distintas ciudades de Madrid a Reus y a distintas mezquitas, visita a diversos líderes religiosos y trata de sacarles una declaración inequívoca sobre el terrorismo. A mí me gusta la forma de trabajar de Jon Sistiaga porque es un reportero de verdad, clásico, de los de antes; quiero decir de los de antes de que la pantalla se llenara de señoritas y señoritos fashion que mueven mucho las manos y la boca, rodeando de aspavientos y ruido los giros de una cámara que muestra imágenes insignificantes. Sistiaga va a un sitio, pone la cámara, filma lo que hay y lo explica lo mejor que puede; lo más importante está en este último paso: los testimonios que recoges, la variedad de puntos de vista, su capacidad para explicar al espectador la nuez de las cosas, su valor específico… De ahí es de donde sale un relato significativo, una narración que permanentemente apela al espectador y le dice que está viendo algo importante, algo que es preciso conocer si uno quiere estar bien informado. A todo eso el reportero añade los recursos propios del oficio: la pregunta audaz al entrevistado (“¿Estoy hablando con un imán o con un terrorista”?, por ejemplo) y la imagen de impacto, que no tiene por qué ser una escena obtenida con cámara oculta o una secuencia violenta, sino que en general basta con que sea una imagen plenamente expresiva (unos pies desnudos en una mezquita, por ejemplo). Después, uno puede pensar que la historia ha estado bien o mal enfocada, o que las conclusiones que transmite son o no discutibles. En todo caso, el trabajo ha sido irreprochable. Un gran reportaje. Si no lo ha visto, hágalo.
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