Salvados de la calle

Niños de Colombia representan en Vizcaya el espectáculocon el que huyen en su país de la pobreza y la delincuencia

El Correo, EVA MOLANO, 21-09-2008

Las mafias llegaron a sus poblados, ocuparon sus viviendas y les obligaron a emigrar con las manos vacías. La otra opción era morir. Muchos de los desplazados por los paramilitares y las guerrillas en aldeas rurales se hacinan en suburbios de la ciudad colombiana de Pereira. Entre ellos, miles de niños que ahora malviven en los arrabales. Son carne de cañón para las bandas de delincuencia organizada. Muchos acaban metidos en asuntos de droga o roban para subsistir; otros trabajan para ayudar a sus familias. Pocos van al colegio, pero la fundación Acunarte lucha por la escolarización de 400 de estos ‘niños de la calle’.

Una docena ha formado una compañía teatral con la que colabora la asociación Palo Q´Sea. Juntos realizan el espectáculo callejero ‘Matamba’, colorista y cargado de referencias mitológicas. Actúan hoy en la última jornada del Encuentro de Músicos Callejeros Musikale. Por la mañana, lo harán en Basauri (12.30 horas) y en Sestao, por la tarde (19.30 horas). «Mientras ensayan no están pidiendo o drogándose», explica Juan Guillermo Quintero, de Palo Q´ Sea.

La historia de Héctor

Los artistas más pequeños tienen 11 años. Sus historias son desgarradoras. Héctor Saltarriaga vivía en Mistrató, un pequeño municipio al norte de Pereira. Un día un soldado le pidió que le llenara un balde de agua. «Cuando bajé al río comencé a oír tiros. Me lancé al suelo, el tiroteo levantó una gran polvoreda, y las balas pasaban por encima de mí. Cuando llegué a casa, la familia estaba debajo de la cama».

La guerrilla estalló en su pueblo y se estaba enfrentando al ejército. Tuvieron que irse a Rosal primero y, después, a Plumón. Tampoco allí la vida es fácil. «Se arman tiroteos. A veces, hay heridos y muertos», cuenta Andrés Steven, de 11 años. Su familia vendió su casa de Villa Santana porque «pasábabamos mucha hambre, teníamos que pedir por las casas». Por eso muchos niños tienen que trabajar a escondidas de la Policía.

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