REPORTAJE
La letra, rimada entra
Varios talleres en institutos dan un trasfondo social al festival InterRAPción
El País, , 21-09-2008“El rap en la tormenta que no escampa / es la herramienta para el tránsito / desde aquí hasta Brasil / siente la fuerza del cántico”. Los versos de En blanco e preto son la bandera del festival gratuito InterRAPción que se celebra hoy en el recinto ferial de Mejorada con artistas como el francés Sefyu, Juaninacka o Bako. Pero antes, algunos de ellos visitaron varios institutos para “promocionar y contextualizar el evento”, según el rapero L. E. Flaco.
Jueves, 11.30, suena el timbre del recreo en el IES Miguel Delibes y decenas de puertas escupen adolescentes que miran el escenario colocado en el patio. Según la jefa de estudios, cuando anunciaron el concierto los chavales preguntaron: “¿Va a ser de música clásica?”. “No”, les dijo. “¡De rap!, menuda alegría”, dice Rubén, en 4º B de la ESO. “¡Y encima nos perdemos tres clases!”.
Ante la chavalería (segundo día lectivo, hay tanto que contarse), los organizadores (subvencionados por los Servicios Sociales de Mejorada y Velilla) explican que el festival tiene un objeto material (financiar un taller en Candeal, Salvador de Bahía, para crear instrumentos reciclando basura) y otro sociopolítico (integración, solidaridad) que resumen con frases del tipo “gracias a la creatividad, con poco se puede hacer mucho” o “no es feliz el que más tiene, sino el que menos necesita”.
La chavalería no hace caso hasta que salen los artistas. “¡No oigo a los del fondo! ¡Ni un día de clase y ya os han chupado las pilas!”, L. E. Flaco arenga junto a Jair Rezende, director de la escuela Lactomia en Salvador de Bahía. “Allí no sólo enseñamos música, sacamos a los chavales de las calles”, dice el brasileño antes de lanzarse a la batucada.
En el Miguel Delibes hay 450 alumnos, 104 son extranjeros, de 13 nacionalidades, 64, de Rumania. “No hay violencia xenófoba”, dice Nacho García, mediador intercultural de la Mancomunidad. ¿Cómo se decidieron por estos artistas? “Preguntamos a los chavales”, dice. “El rap pega y tiene temática social”.
“Algunos me dicen que me vuelva a mi país”, cuenta Anderson, de 14 años, que vino hace siete de Colombia. “Pero no me lo tomo en serio… Por cierto, podían haber traído a Daddy Yankee… a mí lo que me va es el reggaeton”. José Alejandro, con un cuidado estilismo hiphopero, echa de menos a la novia que dejó en Ecuador: “Aquí todo es diferente, se hace botellón”. “¡Me encanta Mejorada!”, dice Lau, que vino de Rumania hace dos años: “Voy a hacer pintadas… ¿Algo malo? Es difícil encontrar trabajo de repartidor y así”. “Más trabajo”, “un metro”, “un cine”, “un MacDonald’s”, son los deseos de la chavalería para su comunidad.
Desde el escenario, Battu, un chaval salido de los talleres de rap de los organizadores, empatiza con el público: “Sé que estáis pensando ‘para qué vienen a contarnos este rollo’, pero no es una tontería”. La chavalería participa desganada, graba un tema, y destila el mensaje a su manera. “Hay pobres en Brasil” o “la música sirve para protestar”, resúmenes prosaicos. El entusiasmo llega al final, cuando, en manadas, los adolescentes se lanzan sobre los raperos pidiendo autógrafos para sus cuadernos recién estrenados.
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