* La matanza de San Genaro - MARÍA-PAZ LÓPEZ La Camorra asesina a seis africanos que vendían droga sin permiso en su territorio

La matanza de San Genaro

La Vanguardia, MARÍA-PAZ LÓPEZ, 20-09-2008

Empiezan ya a bautizarla, con resonancias de horror épico, como la matanza de San Genaro, porque ayer se celebraba en Nápoles, tierra de Camorra, la festividad del patrón napolitano, y porque la masacre de seis inmigrantes africanos anteanoche en esa zona contiene algo inédito – y necesitado, por tanto, de etiqueta propia- en las sempiternas luchas camorristas por el control del territorio.

En realidad, los muertos del jueves por la noche en la provincia de Caserta, cerca de Nápoles, han sido siete (seis africanos y un italiano), y fueron liquidados en sendas expediciones de castigo – relacionadas entre sí- por sicarios del clan de los Casalesi, los camorristas retratados en el libro Gomorra de Roberto Saviano.

A las nueve de la noche, acribillaron a balazos en la localidad de Baia Verde a Antonio Celiento, de 53 años, a quien la policía italiana considera afiliado al clan escindido de los Schiavone. Veinte minutos más tarde y no muy lejos, en una tienda de ropa en el kilómetro 43 de la antigua carretera Domitiana, en Castelvolturno, fueron ametrallados un grupo de inmigrantes africanos.

Los muertos fueron seis: tres ghaneses, un liberiano, y un ciudadano de Togo. Murieron in situ (uno de ellos cayó dentro del coche, con el cinturón de seguridad aún puesto), y ayer falleció en el hospital otro liberiano. La policía halló más de 80 de casquillos de bala, un despliegue de medios que retrata un ajuste de cuentas con voluntad ejemplarizante.

Según los investigadores italianos, el motivo de esta matanza de San Genaro es que el naciente clan de narcotraficantes africanos de Castelvolturno se negaba a pagar la cuota al clan de los Casalesi por el permiso para vender droga en su territorio. La comunidad africana de la zona reaccionó ayer indignada a esta hipótesis policial. “Sois unos racistas, nosotros no tenemos nada que ver con la Camorra, trabajamos de la mañana a la noche”, declaraban ayer a las televisiones compatriotas y amigos de las víctimas.

Ante la tienda donde se produjo la masacre, los inmigrantes construyeron ayer una barricada con contenedores de basura, colchones y muebles viejos, e improvisaron una manifestación por las calles. La protesta degeneró luego en disturbios, en los que los airados inmigrantes volcaron automóviles y lanzaron piedras contra los escaparates.

La agresiva acción del crimen organizado en la zona, y el polvorín social que ha provocado entre los inmigrantes del lugar, preocupaban mucho ayer a las autoridades policiales de Caserta. Además de policías, carabineros y Guardia de Finanzas, el gobernador civil de Caserta, Ezio Monaco, habló de la posibilidad de recurrir al ejército. “Lo que ha ocurrido es extremo, pero ha habido episodios relativamente similares antes de este, cometidos con toda tranquilidad. Nos hallamos ante una emergencia criminal.” La policía ve ahora un nuevo significado a los disparos llovidos tiempo atrás contra el domicilio de un nigeriano apodado Teddy.

Ayer durante las celebraciones de San Genaro, el cardenal Crescenzio Sepe, arzobispo de Nápoles, arremetió contra la Camorra y sus sicarios, a quienes calificó de “serpientes venenosas” en una combativa homilía. “Deponed las armas. Esas armas con las que matáis, os matarán mañana también a vosotros, matarán a vuestras familias y a vuestros hijos – dijo el cardenal-. Esta tierra, esta ciudad, no pueden morir y no morirán.” Mientras, la policía peinaba Castelvolturno en busca de narcotraficantes africanos y de afiliados de los Casalesi, los nuevos protagonistas de esta insólita guerra de Camorra.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)