Italia considerará delito la prostitución callejera

El Mundo, IRENE HDEZ. VELASCO. Corresponsal, 12-09-2008

Tanto quienes venden como quienes compran sexo serán castigados con penas de cárcel y multas de hasta 3.000 euros Limpiar las calles de Italia de prostitutas, eliminar a las meretrices de los espacios públicos y obligarlas a recluirse en clubes de alternes. A eso aspira el Gobierno de Silvio Berlusconi. Y para conseguirlo, el Consejo de Ministros que preside e Il Cavaliere aprobó ayer un controvertido proyecto de ley por el cual prostituirse en lugares públicos pasará a convertirse en Italia en un delito castigado con penas de entre cinco y 15 días de cárcel y con multas de hasta 3.000 euros. Con una precisión: las sanciones se aplicarán no sólo a las meretrices, sino también a sus clientes.


«El de la prostitución es un fenómeno vergonzoso que con frecuencia está relacionado con la esclavitud, con el uso y abuso de menores y que a veces desemboca en formas de violencia», subrayaba ayer la ministra de Igualdad de Oportunidades, Mara Carfagna, la impulsora de esta iniciativa. «Como mujer comprometida políticamente la prostitución me estremece. Me espanta, no comprendo que alguien sea capaz de vender su propio cuerpo. Pero soy consciente de que el fenómeno existe y que por desgracia no se puede acabar con él, como sucede con las drogas», añadía.


El Gobierno italiano no pretende de hecho terminar con las prostitutas. Se conforma con no verlas. La idea es eliminar a las meretrices de las calles y reconducirlas a puticlubes, locales de alterne y domicilios privados. El objetivo queda ya claro en el artículo 1 del proyecto de ley, donde se fija el nuevo delito de prostitución en lugares públicos y se establecen las penas tanto para quien vende sexo en la calle como para quien lo compra. Porque, según se explica en el texto introductorio, el de la prostitución es un «fenómeno que genera alarma social» y ante el cual no puede por tanto darse un tratamiento distinto a quien lo ejerce con respecto a quien lo contrata.


El proyecto de ley trata de combatir también la prostitución de menores de edad, castigando con entre seis y 12 años de cárcel y multas de 15.000 a 150.000 euros tanto a quien «reclute o induzca a la prostitución a una persona de menos de 18 años» como a quien «favorezca, explote, gestione, organice o controle la prostitución de una persona de menos de 18 años». Y prevé igualmente fuertes puniciones contra los clientes: quien cometa actos sexuales con un menor de entre 16 y 18 años a cambio de dinero u otro tipo de bienes – o aunque sólo se los prometa – se enfrentará a penas de reclusión que van de seis meses a cuatro años y a multas de 1.500 a 6.000 euros. En caso de que el menor en cuestión no haya cumplido los 16 años, las penas de cárcel se incrementarán entre un tercio y la mitad y no se le podrán aplicar atenuantes. Además, los inmigrantes menores que ejerzan la prostitución en el país transalpino podrán ser expulsados. Y el proyecto de ley prevé un endurecimiento de las penas para los proxenetas.


Sin embargo, las críticas no se han hecho esperar. «La prohibición de la prostitución callejera es ineficaz y contraproducente», sentencia Oliviero Forti, responsable de Cáritas Italia. «Recluir la prostitución a los locales aumentará el nivel de conflicto en lugar de bajarlo. Y además la prostitución se verá constreñida a lugares menos accesibles para las fuerzas del orden y los trabajadores sociales», añade.


«El proyecto de ley de Carfagna es un manifiesto hipócrita y compasivo que no combate la explotación de la prostitución. Es una iniciativa que no sólo no resuelve el problema, sino que lo trasladará a casas cerradas, donde los explotadores harán lo que les dé la gana. Y el hecho de establecer penas de cárcel contra los clientes acentuará fuertemente la clandestinidad del fenómeno y hará a las mujeres aún más vulnerables», opina Livia Turco, miembro del centroizquierdista Partido Demócrata, el principal grupo de la oposición.


Carla Corso, fundadora del Comité de Derechos de las Prostitutas, atacaba a Carfagna por asegurar que no entiende a quienes venden su cuerpo. «Y eso que la señora ha usado su cuerpo para llegar a donde ha llegado. Basta abrir internet para ver sus gracias», arremetía en referencia a las fotos ligera de ropa de la ministra en sus tiempos de modelo.

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