Confesiones en la cola del paro

El sucesivo repunte del paro en Gipuzkoa, un 10% interanual en agosto, hace que numerosas historias personales se entrecrucen en un mismo punto, las oficinas del Servicio Público de Empleo

Diario Vasco, PEIO BLANCO, 07-09-2008

DV. Los datos socioeconómicos reflejan a diario el paulatino deterioro del sistema financiero y del mercado laboral, al tiempo que las cifras parecen augurar una evolución de la crisis con punto de partida coyuntural y fin estructural.

El Servicio Público de Empleo registró a lo largo del mes de agosto un aumento considerable en el número de desempleados, hasta parar el contador en los 2.530.001 parados en todo el Estado, donde sólo 7 de cada 100 personas encuentran trabajo a través del antaño conocido como Inem.

En Gipuzkoa, el paro aumentó un 3,1% en agosto, encabezando la subida interanual en Euskadi al registrarse un incremento del 10,1%. Al traspasar la cortina de datos y acercar la vista a pie de cola, las historias personales abundan entre el vaivén constante a las puertas de las oficinas de empleo.

ESTRELLA ERRANDONEA

50 años

«Seguiré buscando mi sitio hasta el último día»

Muchos vascos emigraron a Suramérica en tiempos no muy lejanos, y ahora, parte de sus descendientes realizan el tornaviaje. Es el caso de Estrella Errandonea, uruguaya de nacimiento, argentina de adopción y administrativa de oficio, que desde hace cinco años reside en Donostia.

«Siempre resulta duro emigrar, y a pesar de que tengo mi vida aquí, encontrar un empleo digno es muy complicado». Estrella confiesa haber tenido que emplearse en trabajos que nunca habría imaginado a lo largo del lustro que lleva en la ciudad, como encargada de la OTA, entre otros.

Su visión sobre los Servicios Públicos de Empleo, claroscura. «Está bien que ofrezcan cursos de capacitación para dar una supuesta salida a la gente, pero la realidad es muy cruda, y a lo máximo que aspira uno en la mayoría de casos es a enviar el currículum, de ahí a que te llamen hay un abismo».

Esta situación hace que muchos pierdan la esperanza de encontrar un oficio que se ajuste a su perfil. «Es una frustración terrible no tener trabajo a mi edad, en estos momentos ejerzo de monitora en un geriátrico con contrato de tres meses, luego Dios dirá, pero me niego a darme por jubilada o a tirar del carrito de un anciano» sostiene. «Si me muero en la lucha, pues bien».

JON SORIA

28 años

«Los jóvenes siempre seremos carne de cañón»

«¿Crisis, que crisis? Los jóvenes, en lo que al empleo respecta, siempre estamos en crisis, cuando las empresas tienen beneficios, porque quieren mantenerlos, y cuando tienen pérdidas, porque quieren ahorrar gastos, siempre seremos carne de cañón», asevera Jon Soria, un joven donostiarra desencantado con la realidad laboral tras culminar sus estudios entrada la veintena.

«No creo que la cuestión sea si uno tiene estudios o no, o si los tiene si son de mayor o menor grado, o con más o menos salida laboral, el problema de fondo es que hoy en día los jóvenes no tenemos ocasión de desarrollar nuestras aptitudes porque los contratos duran lo que duran y lo único que importa es que tienes muchos detrás, no lo bien que lo hagas o lo puedas llegar a hacer en tu trabajo», relata Jon con detenido entusiasmo.

La opinión que le merece el Servicio Público de Empleo no es muy positiva, «soy un escéptico, no confío demasiado en la efectividad de estos entramados, por eso nunca me encomendaría sólo al Inem, no queda otra que patearse la calle y buscar ofertas por tu cuenta», confiesa.

«Llevo tiempo de puerta en puerta presentando mi currículum, ahora no está muy de moda, también es cierto que los tiempos han cambiado y ahora todo es más impersonal», sentencia.

PAULA CARRO

38 años

«Las niñas ya no quieren ser peluqueras»

Aunque con cuentagotas, el dinámico trasiego a las puertas de los Servicios Públicos de Empleo ofrece historias de personas satisfechas y encantadas con las posibilidades que el antiguo Inem les ofrece.

Es el caso de Paula Carro, quien asegura que no hay crisis que impida darse un buen corte de pelo, y defiende el auge del gremio peluquero. «Pronto me mudo a Valencia y ya estoy en trámites, a través del Servicio Público de Empleo, para incorporarme a una peluquería allí. Nunca me ha faltado trabajo, las niñas ya no quieren ser peluqueras y hay puestos de sobra», arguye convencida.

MBAREK HAMYD

30 años

«No es tanto que seas inmigrante, es la crisis»

Las circunstancias de Mbarek Hamyd discurren por otra de las principales rutas migratorias, la sur – norte. Oriundo del Sahara Occidental, su primera toma de contacto con la Europa administrativa, las islas Canarias. «Estuve un tiempo de camarero allí, pero tenía un amigo en Beasain que me animó a venir. Tras instalarme en Gipuzkoa, hace no mucho, me sirvió de mucha ayuda para adaptarme y empezar a buscar trabajo», explica con rostro amable.

Tras realizar un curso de soldador, comenzó a tomar contacto con la realidad laboral en Euskadi. «Quiero dedicarme a este trabajo el tiempo que permanezca aquí. No quiero volver a la hostelería, estoy cansado, pero visto el panorama general, será complicado conseguir estabilidad laboral, no tanto por ser inmigrante, sino por la crisis», afirma.

«El consumo ha bajado mucho y está dificil encontrar trabajo en hostelería, pero teniendo en cuenta el estado del sector de la construcción, dedicarme al oficio de soldador será igualmente difícil, pero no pierdo la esperanza. Ahora estoy con un contrato de tres meses en una obra, cuando termine, volveré por estas oficinas», remacha sin perder la sonrisa.

CARLOS SANTAMARÍA

53 años

«A partir de los 45, la cosa se complica»

«La cosa está cada vez peor, los subsidios cada vez se cobran más tarde y la oferta de empleo disminuye mucho, sobre todo cuando uno es ya mayor de 45 años, parece que tu experiencia laboral ya no sirve y las oportunidades escasean», comenta resignado Carlos Santamaría.

Este padre de familia decidió abandonar su negocio hostelero, un pequeño restaurante en Irún, tras años de pérdidas agrabados por la actual bajada del consumo y el «encarecimiento de la vida». «A pesar de todo, hay vida más allá de los sinsabores laborales. La familia es muy importante en estos casos», concluye.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)