Danza

Un pueblo rumbo a Occidente

El Mundo, MARIA LUISA TORIBIO, 05-09-2008

La compañía Fenicia recrea la migración gitana desde la India hasta España en ‘Drom’ Es un largo viaje. Y para emprenderlo no hace falta más que tener los sentidos bien abiertos, predispuestos al sortilegio de las velas cuyas llamas titilan sobre las coronas de las danzarinas, a la magia difusa de la luz, al tintineo hechizante de crótalos acariciados por dedos expertos…


El periplo se llama Drom. Es un montaje de la compañía de danza oriental Fenicia que reproduce, a través de un hilván de coreografías breves recogidas entre las tradicionales de distintas zonas del planeta, la larga marcha del pueblo gitano desde Oriente hasta las cuevas de Granada.


El espectáculo es la versión ampliada del que abriera el año pasado la temporada en el Teatro de Madrid. Entonces se ganó un hueco en la programación de éste gracias al éxito de su participación en el ciclo Cartografías de la Danza de 2007. Volver es un sueño: «Estamos muy satisfechas. La última vez tuvimos bastante éxito y esperamos repetirlo», asegura la directora de Fenicia, Cristiane Azem.


Ella descubrió la danza oriental en casa, «en el seno de mi familia, que es libanesa». De niña comenzó a dar clases de ballet, «pero muy temprano, a los 14 años, empecé a dedicarme más al folklore. Fui descubriendo con el tiempo las características formales que había visto en los otros bailes en la danza árabe, que siempre había existido para mí de una forma natural y familiar».


Pero aún faltaba para llegar a Fenicia, una formación con sede en el centro de la capital: «Fue una camino largo. Pasaron 13 años antes de que me atreviera a montar mi compañía. Es un trabajo difícil y de mucha responsabilidad».


El esfuerzo ha cristalizado en este montaje. «Drom significa viaje o camino en romaní. Con él, pasamos por zonas geográficas donde los gitanos estuvieron y de las que asimilaron la cultura local para llevarla a la próxima parada de esa migración tan larga». A lo largo del espectáculo «se hace referencia a culturas muy distintas». El hilo conductor está «en la energía del baile». Las diferencias entre cada cuadro las marcan «la música, el vestuario estudiado y los gestos típicos de la danza de cada país».


La escenografía es escueta, inexistente casi: el énfasis en escena se ha puesto en la alegre algarabía de colores de los cinturones, la voluptuosidad de las melenas sueltas sobre la espalda, la sutil insinuación de los vientres desnudos y de las piernas cubiertas, la caricia delicada de las telas sobre los brazos. Son los recursos que visten un recorrido largo.


«Partimos del Rajastán indio. Siguen unas referencias a la Ruta de la Seda y a Persépolis, aunque de Persia he decidido centrarme en la expresividad de la danza tribal de las montañas». Después, rumbo a Turquía, «donde rendimos homenaje a la música sufí y tres odaliscas animan una escena de la corte otomana». Otra fiesta, ésta gitana, y se sigue viaje hacia Centroeuropa, con sus danzas circenses y de primavera. Tras pasar por Francia se llega a Eguito, donde se contempla el baile de los gitanos del Nilo. Después la meta, Granada, está cerca. Allí esperan un baile culto «y un poquito de algo que yo llamaría preflamenco, sin el grado técnico pero con sus rasgos energéticos».


Muchos destinos, muchas épocas: «Hablamos de un viaje por siglos pasados y de siglos de duración». Pero se trata de algo actual: «La migración de un pueblo es algo absolutamente contemporáneo. Vivimos buscando una vida nueva, y queremos embebernos de culturas distintas a la nuestra».


La prueba de esto está en las bailarinas, expertas en danza oriental pero españolas casi todas. «Tienen una formación muy variada: en la compañía hay chicas que han hecho baile español, clásico, contemporáneo…», enumera la directora de Fenicia. El sustrato común a todas «es la de danza oriental, por eso están conmigo». Precisa, aún así, que en Fenicia no descuidan ningún aspecto: «Enfocamos el trabajo para formarlas de manera integral, aunque sigamos fieles a la expresividad de la danza oriental».


Y es que el secreto está en «despertar el cuerpo, mimetizar la música». ¿Cómo? Con técnica. «La danza oriental requiere mucha técnica específica. A lo mejor un bailarín de formación tradicional pensará que le falta técnica, pero la tiene». Y por supuesto, «con disciplina, como toda danza; no hay bailarina sin disciplina».


Drom


. Hasta el 14 de septiembre en el Teatro de Madrid (avenida de la Ilustración, s/n). De martes a sábado, a las 20.30 horas; domingos, a las 19.00 horas. Entradas de 10 a 22 euros.

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