La batalla contra el racismo
Obama trastoca el factor racial
El ascenso del líder demócrata alienta el sueño de una sociedad más abierta a las minorías
La Vanguardia, , 02-09-2008EUSEBIO VAL – Saint Paul (Minnesota). Corresponsal
En Estados Unidos muchos afroamericanos aún se frotan los ojos. No acaban de creerse lo que está sucediendo. Después de 232 años como nación independiente – la mayoría bajo un sistema esclavista y luego segregacionista-, por primera vez un ciudadano de color, un mulato – hijo de una mujer blanca de Kansas y de un hombre negro de Kenia- ha sido designado por uno de los dos grandes partidos como candidato a la presidencia. ¿Significa que el racismo está en claro retroceso? ¿O, por el contrario, engendra ese éxito de Barack Obama el peligro de exacerbar instintos racistas latentes? La respuesta es compleja y ambivalente.
La reciente convención demócrata de Denver fue un buen observatorio para pulsar los ánimos sobre la trascendencia de la nominación de Obama. En el bando optimista destacó Joe Klein, reputado columnista del semanario Time y novelista. Justo el día en que Obama era votado por aclamación, Klein no ocultaba su optimismo histórico. “La cuestión racial en este país cada vez depende más de la edad – señaló Klein a La Vanguardia-.Mis padres ven el color. Mis hijos no lo ven en absoluto. Obama es un signo de adónde va este país, un signo de los tiempos. Él es multirracial. Y si vas a cualquier campus universitario hoy en EE. UU. y miras las parejas, la mayoría son birraciales. Uno de los motivos de celebración en América son los matrimonios interraciales. No olvidemos que estaban prohibidos en el Sur”. Otro interlocutor con mucha confianza en el futuro es John Waihee, delegado por Hawái y ex gobernador de esas islas. Waihee está seguro de que el ascenso de Obama contribuirá a eliminar el racismo. “Tan pronto como sea elegido presidente, habrá una generación de estadounidenses que crecerá viendo a niñas muy guapas en la Casa Blanca que pertenecen a una minoría racial. Creo que sólo esa imagen ya mejorará la situación. Hay sectores en EE. UU. que se resisten al cambio, pero el futuro está en los niños. Y los niños crecen con determinadas imágenes”. Waihee siente mucho orgullo de que Obama naciera en Hawái y que eso tenga una influencia muy positiva para el senador. “Haber crecido en Hawái le hace darse cuenta de que el sueño de una sociedad multirracial es posible y algo a lo que deberíamos aspirar como nación”, recalcó.
Entre los líderes afroamericanos, pese a la alegría innegable que sienten, se detecta más cautela. Es el caso del reverendo Raphael Warnock, al frente de la Ebenezer Baptist Church, la legendaria Iglesia baptista de Atlanta en la que predicaron Martin Luther King y su padre. “El racismo no puede ser eliminado en EE. UU. en un solo ciclo electoral – afirmó Warnock-. El racismo es una injusticia sistemática, calcificada y reforzada en todos los niveles de la sociedad. De todos modos, la elección de un hombre negro para la presidencia nos hará dar un gran salto en la dirección adecuada”. El reverendo de Atlanta se hizo eco de una “preocupación legítima” en la comunidad afroamericana. Algunos temen que la elección de Obama sea una excusa para que los conservadores blancos digan que ya no hay racismo, que ya no tienen sentido, por ejemplo, los programas de discriminación positiva a favor de los negros, que existen desde los años sesenta del siglo pasado. “Yo tengo amigos que trabajan en algunas de las compañías más grandes del país y que tienen presidentes negros – añadió el reverendo de Atlanta-. Aunque estamos orgullosos de ellos, su presencia no elimina el tipo de discriminación – que por otro lado es parte de la naturaleza humana- que se da en los niveles bajos de la compañía. Borrar el racismo costará más que elegir un presidente (negro). En cierto sentido tenemos que ser aún más vigilantes con la elección de Barack Obama”.
Es evidente que Obama se benefició de su color de piel para ganar las primarias. Un sector de los blancos que lo votaron lo hizo pensando que con ello ayudaría a transformar el país. Un candidato blanco convencional, aunque hubiera tenido el mismo carisma, no habría atraído tanto. Y los afroamericanos, en buena parte por orgullo racial, lo apoyaron en masa. Pero también es cierto, como demostraron las primarias en los estados de los Apalaches – Pensilvania, Virginia Occidental, Tennessee- que la raza fue determinante para que una mayoría de votantes blancos de clase baja y poca educación se inclinaran por Hillary Clinton.
El ex presidente y premio Nobel de la Paz Jimmy Carter, natural de la sureña Georgia, advirtió hace unos días en una entrevista en el diario USA Today que la raza sigue siendo una “cuestión subterránea” que pesa mucho. Carter previno a Obama de que debe tenerlo presente de cara al 4 de noviembre porque “muchos blancos que tienen prejuicio ante los negros no lo admiten”.
Una cuestión interesante del fenómeno Obama es la dificultad que han tenido los líderes históricos de la comunidad negra para apoyar al senador. En parte se debía a la fidelidad hacia Hillary, en parte por simple dificultad para captar la enorme transformación que se estaba produciendo. Los dirigentes surgidos de la lucha por los derechos civiles siempre han creído que su electorado natural era la comunidad afroamericana, que su techo político era ser elegido concejal de su barrio, alcalde o, a lo sumo, miembro de la Cámara de Representantes. No encajaba en sus esquemas un candidato posracial como Obama, con atractivo interétnico.
Para la generación de dirigentes políticos afroamericanos crecidos en los sesenta y setenta del siglo pasado, el ascenso de Obama supone a la vez la culminación de un sueño y también una amenaza para el statu quo, el peligro de que el universo político estrictamente negro se diluya, como desaparecieron en su día las poderosas maquinarias de las minorías irlandesa o italiana, y que con eso pierdan sus tradicionales palancas de poder.
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