Concha Buika y Eliseo Parra hurgan en las raíces para inundar de copla y 'folk' el Festival de Frigiliana

El Mundo, ALVARO FEITO. Especial para EL MUNDO, 01-09-2008

FRIGILIANA (MALAGA). – Tres culturas milenarias (la cristiana, la judía y la musulmana) se han dado cita, por tercer año consecutivo, en la localidad malagueña de Frigiliana, pequeño pueblo blanco asentado en la serrana comarca de la Axarquía. Artistas que mantienen lazos identificativos con las citadas presencias históricas y culturales en lo que un día fue Al – Andalus mantienen ahora viva, de manera simbólica, la llama de su identidad.


La mallorquina de orígenes guineanos Concha Buika fue la estrella de mayor proyección mediática y consiguió atraer a un buen número de espectadores, entre los que no faltaba una variada representación de foráneos residentes o visitantes veraniegos de Costa del Sol y aledaños.


Con su personal estilo interpretativo, que bebe de numerosas fuentes musicales, desde la reivindicación de la copla andaluza hasta su aproximación a ciertas formas de la canción mexicana y otros cadenciosos ritmos latinos, Concha Buika no deja indiferente a casi nadie. Su persistente tendencia al arreglo jazzístico, amparado por una banda de notables instrumentistas duchos en el género, se resiente en ocasiones por el excesivo histrionismo de su entrega y el abuso de su torrencial cascada de voz rota, logrando efectos seguramente no siempre bien entendidos o deseados. La «niña de fuego» jugó con la nostalgia mientras revoloteaba sobre ella la figura de algunos grandes nombres de antaño, desde Chavela Vargas hasta Olga Guillot.


Eliseo Parra lleva muchos años defendiendo la noble y ardua tarea de actualizar numerosos palos y formas de los diversos folclores hispánicos, desde las tonadas zamoranas de Aliste hasta las habaneras mediterráneas, pasando por su especial dedicación al cancionero segoviano del recordable Agapito Marazuela.


Su incansable tarea encuentra ahora un vehículo de expresión musical de amplio espectro, entre el rock setentón de Jethro Tull y el líquido ensamblaje de arreglos new age, alentados por el excelente teclista Eduardo Laguillo El resultado es muchas veces híbrido y globalizador, pero seguramente es un peaje que hay que pagar para arribar a algún buen puerto. De voz, como siempre, Eliseo Parra anda sobrado.

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