El retorno de los 'picniqueros'
El Mundo, , 01-09-2008Inmigrantes latinoamericanos reviven su espíritu al aire libre en el área metropolitana Mientras sus hijos sudan la camiseta en la pista de baloncesto, ella despliega un mantel y extrae del carro de la compra un guiso de ceviche: pescado cocinado al limón.Al más puro estilo de su país de origen. Salvando las distancias, matiza la peruana Felicia: «Aunque uso los mismos ingredientes, el sabor no es el mismo: tal vez sea por el agua». Y su compatriota Marsot agrega: «Y por las patatas; en Perú tenemos hasta 200 variedades, mientras que aquí sólo se conocen la blanca y la roja». La postal picniquera se desarrolla en el Parc Nou de la barriada de Sant Cosme, en el mundicipio de El Prat de Llobregat, donde cada fin de semana se dan cita decenas de familias trabajadoras que escapan por unas horas de sus pisos para disfrutar del ocio al aire libre.
Son los nuevos picniqueros, generalmente inmigrantes que en los últimos tiempos han reactivado una práctica que les permite sociabilizar con sus iguales. En plena ciudad. En zonas verdes habilitadas para esta nostálgica práctica. Allí se celebran cumpleaños, reuniones de ocio, jornadas de relax e incluso bodas: «Hace un año pudimos ver un enlace entre una pareja de indios o pakistaníes», recuerda el usuario peruano Humberto Méndez.
«Nos relajamos tras toda la semana trabajando duro», cuentan.Hasta 30 compatriotas de Humberto llegados de diferentes zonas del área metropolitana de Barcelona pueden compartir mesa de picnic y mantel en el nuevo parque pratense, lejos de la estrechez de sus viviendas: «Campos de fútbol y baloncesto y voléybol, zona verde, sombras Aquí hay de todo, y es lo más cercano para venir en autobús», señala Orlando Navarro, peruano de 46 años, padre de dos hijos y vecino del barrio de La Florida, en L’Hospitalet.«Necesitamos espacios como éste», reclama el hombre, 16 años en Cataluña, los últimos como empleado en una gasolinera. Dice Orlando que lo que más echa de menos de su país es la libertad con la que los niños andaban por las calles: «Aquí no pueden jugar solos porque hay más peligros debido al mayor movimiento de transporte», lamenta, y recuerda que en las viviendas latinoamericanas «está permitido hacer más bulla».
Justamente el exceso de jaleo en el parque provocó que las barbacoas de obra en las que los visitantes preparaban asados y parrilladas fueran suprimidas hace unos meses. Los vecinos recuerdan gritos, peleas y mucha suciedad. «Se bebía demasiado alcohol», denuncian los piqniqueros que resisten. «Ahora traemos la comida preparada de casa», dice July Quispe, y enumera el menú: patatas a la huancaína, arroz con pollo, ceviche, picarones y guagua (postre típico peruano). En el único parque en que se podía hacer fuego, el jaleo ha remitido y los merenderos siguen ahí.
La reconquista del picnic metropolitano se cuenta con acento latinoamericano. Esta nueva tendencia dominguera se ha afianzado a base de ecuatorianos, argentinos, uruguayos, peruanos, bolivianos o colombianos. Pero los autóctonos se apuntan al carro del revival picniquero: Francisco, Pepi, Manolo y Juani, jubilados y vecinos de L’Hospitalet, comparten «un gazpacho de habas, unas patatas en diablo y un pollo en columpio». «Se llama así porque después de subir y bajar, una se queda desmayada», explica con gracejo andaluz Juani.
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