Por qué nos quieren tanto
La Prensa Gráfica, , 31-08-2008Digamos que es un amor cíclico. Aparece, sorpresivamente, cada cuatro años. Y siempre cuando hay elecciones presidenciales. Qué raro, ¿verdad? Los candidatos, Barack Obama y John McCain, nos dicen lo que queremos oír.
Siento el amor por todos lados. De pronto, los republicanos y los demócratas adoran a los hispanos. A todos, en general, pero a los votantes latinos en particular.
Las convenciones políticas en Denver (los demócratas) y Minneápolis – Saint Paul (los republicanos) se han convertido en fiestas para celebrar el orgullo hispano (o cualquier cosa que nos haga sentir bien). Hoy todos nos quieren invitar a su casa. Mi casa es su casa, nos dicen.
Digamos que es un amor cíclico. Aparece, sorpresivamente, cada cuatro años. Y siempre cuando hay elecciones presidenciales. Qué raro, ¿verdad? Los candidatos, Barack Obama y John McCain, nos dicen lo que queremos oír. Son todo abrazos y sonrisas.
Pero ¿por qué, de pronto, nos quieren tanto? ¿Qué pasó?
La respuesta es muy sencilla. En una elección presidencial tan cerrada, como la que tendremos en Estados Unidos, serán los 9 o 10 millones de votantes latinos los que decidirán quién es el ganador de la Casa Blanca.
Nunca en la historia de Estados Unidos los votantes hispanos habían sido tan buscados. Son como la niña bonita de la fiesta a la que todos quieren enamorar.
Casi todos los precandidatos a la presidencia participaron en los dos foros transmitidos exclusivamente por la televisión en español. Eso nunca antes había ocurrido.
Tanto Obama como McCain han realizado ya múltiples entrevistas con la prensa hispana. Eso nunca antes había ocurrido. Los demócratas anunciaron que se gastarán US$20 millones para captar el voto hispano y los republicanos han armado un sistema sofisticado para atraer en español a los votantes. Eso nunca antes había ocurrido.
La nueva regla de la política norteamericana es que nadie puede llegar a la Casa Blanca sin antes pasar por los medios de comunicación en español. Nadie.
Solo uno de cada 10 votantes que irán a las urnas el martes 4 de noviembre es hispano. Pero su importancia radica en que los votantes latinos están concentrados en estados que pudieran decidir la elección.
Un poquito de historia: La elección presidencial de 2000 fue decidida por 537 votantes cubano – americanos en Florida. Y la elección presidencial de 2004 fue decidida por 67,000 hispanos (en su mayoría de origen mexicano) en Nuevo México, Colorado y Nevada que votaron por George W. Bush y no por John Kerry.
La lección está a la vista: el voto hispano decide elecciones.
Cada vez hay más latinos en Estados Unidos y cada vez votan más. Los partidos políticos nos están tratando de enamorar porque somos el futuro de este país. No exagero.
En el año 2106 los latinos se convertirán en la mayoría en Estados Unidos (si los nacimientos y la inmigración se mantienen constantes y mis cálculos son correctos). Este crecimiento se basa en que los hispanos tienen más hijos que otros grupos étnicos —2.3 hijos por familia, en promedio— y en la inmigración que viene del sur: el Gobierno de México acaba de informar que casi 12 millones de mexicanos viven en Estados Unidos y que 580,000 más llegan cada año.
Mientras tanto, basado en los últimos datos de la Oficina del Censo, los hispanos pasarán de los 46 millones que son actualmente, a 132 millones en el año 2050. Es decir, los latinos que son hoy el 15% de la población, serán el 30% en 2050 y el 50% o más en 2106.
No veremos el momento en que los hispanos serán más que los blancos, afroamericanos y asiáticos, pero para allá vamos. Es difícil imaginarse cómo será Estados Unidos con una mayoría latina. Pero me atrevería a aventurar un par de cosas: una, que el español seguirá muy vivo en Estados Unidos, y dos, que para ese entonces ya habremos tenido varios presidentes hispanos.
Es más, yo creo que el primer presidente hispano ya nació. Pero quizás acaba de entrar a kínder, o está explorando los últimos juegos de vídeo, o texteando en su celular, o regresando a la universidad luego de ver las Olimpiadas. Lo que pasa es que los latinos son, en promedio, más jóvenes (27 años) que el resto de los norteamericanos (36 años).
Lo que todo esto significa es que los partidos políticos y los candidatos tienen toda la razón en tratar de caerles bien a los hispanos. Los latinos hoy deciden elecciones y mañana decidirán la dirección de este país.
Así que, si en los próximos días ven a Obama, a McCain y a los delegados a las convenciones demostrar efusivamente su amor por los latinos, ya saben por qué. Es que nos quieren muchísimo… cada cuatro años.
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The New York Times Syndicate
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