Las cuestiones culturales y las costumbres de las diferentes etnias se reflejan en el comportamiento de los ciudadanos que disfrutan de las playas

"No creo que los niños deban ver tanta gente desnuda"

La Vanguardia, LUIS BENVENUTY - Badalona , 26-08-2008

Kabid Delowa, vecino del colomense barrio del Fondo de 34 años, profesional de la confección, mientras juega a la pelota tres hijos y un sobrino, que las playas de Badalona le gustan más que las de su país de origen, Bangladesh. “Las de aquí están mucho mejor atendidas. Las limpian más y hay mucha más seguridad. Aquí uno puede bañarse y dejar que lo hagan los hijos con más tranquilidad”.

Lo que le desagrada es que hay demasiadas mujeres bronceándose los pechos a la vista de todos. “Yo me aguanto – reconoce-, lo acepto, pero no puedo evitar que no me parezca bien. No creo que los niños deban ver tanta gente mayor desnuda”. La esposa de Kabid pasa el playero día ataviada con un traje desde el cuello hasta los tobillos.

“Así lo hacen todas las mujeres de mi país”. Kurt Remo, el socorrista más cercano, presta especial atención desde su torre a la mujer asiática cuando entra en el agua. Y es que bañarse vestido es muy parecido a hacerlo con una piedra de cinco kilos, una circunstancia que se torna especialmente peligrosa en las playas de Badalona, donde, como en tantos otros arenales del Mediterráneo, proliferan los escalones que incrementan la profundidad de las aguas de un modo muy abrupto y pronunciado.

Karid también se baña vestido, con pantalones y camiseta interior. Además, según explica Óscar Camps, director de Proactiva, la empresa encargada de velar por los bañistas, “la seguridad y flotabilidad de la gente no viene determinada únicamente por aspectos culturales, también son importantes los biológicos”.

Algunos chinos de Badalona, además, son muy aficionados a buscar algas entre las rocas del Pont del Petroli con botellas vacías de plástico amarradas a la cintura. “Esta inconsciencia – dice el salvavidas rumano César Ciobano- la compensan con un respeto a la autoridad. Porque los chinos son quienes más atienden nuestras recomendaciones”.

Así, mientras los chinos subsanan su peor nivel de natación con su mejor actitud, muchos españoles echan por tierra sus ventajas naturales desoyendo los consejos de los profesionales e ignorando las banderas rojas y amarillas. Argumentan que saben bien cómo calibrar la fuerza del mar. “Luego están los europeos del Este, que en principio se hunden menos, pero no tienen cultura playera y nadan bastante mal”, concluye el socorrista rumano.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)