Socorrista a la carta

La diversida détnica que visita la playa obliga a tener vigilantes foráneos

La Vanguardia, LUIS BENVENUTY - Badalona , 26-08-2008

Las playas catalanas son ya un reflejo de la nueva sociedad. Los adolescentes magrebíes son muy osados en el agua. Entre ellos abundan los rebeldes. Les encanta tirarse desde los espigones donde está prohibido hacerlo. Además, nadan muy mal. Y la gente de Europa del Este, peor. No tienen costumbre de ir a la playa. Requieren, a priori, de una atención especial. En sus países de procedencia el verano es muy corto. Numerosos chinos tienen el hábito de bañarse en ropa interior. Muchas asiáticas lo hacen completamente vestidas, ello entraña riesgo, ya que su peso aumenta. Los hombres pakistaníes llegan, se dan un baño y regresan a sus quehaceres. ¿Y los españoles? Son muy indisciplinados.

Para hacer frente a estos comportamientos, más de la mitad de los 130 socorristas responsables de la seguridad de los arenales de nueve municipios, de Vilassar de Mar, Cabrera de Mar, Malgrat, Lloret, Calonge, Begur, Sant Vicenç de Montalt, Canet y, sobre todo, Badalona, son foráneos, una larga lista de rumanos, eslovacos, argentinos, uruguayos, peruanos, polacos, ingleses, argelinos, marroquíes… A los sudamericanos les gusta pasar los días de playa con todos los amigos y familiares que puedan, con platos típicos, cervezas y un potente aparato de radio casette. Tras su marcha, quedan abundantes restos de su presencia allí.

Demasiados españoles no hacen caso de las banderas rojas ni de las advertencias. Se creen poderosos nadadores porque hicieron un curso de niños. Y, a pesar de que los blancos occidentales acostumbran a estar más habituados a nadar, el número de ahogados de este verano pone de manifiesto el peligro de sus imprudencias. Los autóctonos son los que más fácilmente se quejan de las malas costumbres ajenas, pero son también quienes pescan fuera del horario permitido, gustan de cocinar sobre la arena como si la playa fuera la parcela de un camping y de pasar la noche en tiendas de campaña.

Los socorristas foráneos crecen en Badalona desde hace un lustro, cuando grupos de adolescentes marroquíes y de familias del barrio de la Mina amargaban la vida de los salvavidas apostados junto a las tres chimeneas. “Teníamos varias chicas allí – explica Óscar Camps, director de Proactiva, la empresa contratada por los ayuntamientos citados-. Tuvimos que relevarlas. No les hacían caso, las insultaban, se reían de ellas, escupían… Decidimos contratar dos socorristas de la Mina y nos dimos cuenta de que el trato de igual a igual y la complicidad daban grandes resultados. La multiculturalidad de nuestra plantilla aumenta desde entonces”.

Ello, sigue Camps, no menoscaba la calidad del servicio. La preparación de los sudamericanos es muy completa. Algunos siguen una instrucción policial ya que allí se trabajan con menos medios.

“El sistema funciona – dice el salvavidas peruano Kurt Remo-, muchos latinos piensan que por trabajar mucho y no quejarse pueden hacer lo que se les antoje. Vienen en grandes grupos. Para ellos un día de playa es una algarabía. Cuando ensucian o hacen ruido les entro según el protocolo. Entonces se ofenden porque otro latino les hable con autoridad.

Luego prescindo de cordialidades y entran en razón. El civismo en Badalona está mejorando mucho".

Con todo, hay otras peligrosas costumbres más difíciles de erradicar. El Consistorio planea una nueva ordenanza para acabar con ellas. Grupos de adolescentes marroquíes gustan de saltar al mar desde el Pont del Petroli, a pesar de las rocas, las prohibiciones y las advertencias de que es algo peligroso.

“Les divierte nadar hasta la boya de 200 metros, la que separa la zona navegable de la de los bañistas, únicamente para obligar al socorrista a coger el kayac y remar hasta allí para decirle que lo que hace está prohibido – cuenta el imponente salvavidas rumano César Ciobano-. La gracia es que cuando regresamos al puesto otro adolescente hace lo mismo, y luego otro, para que nos pasemos la mañana yendo y viniendo en el kayac. Esto es un peligro para ellos, porque muchos tienen problemas para regresar a la arena, y para el resto de bañistas, porque no les puedes prestar tanta atención”.

Los púberes magrebíes son lo que los profesionales llaman un grupo de riesgo, como las personas con discapacidades físicas o mentales, gente que requiere de más de un vistazo. “Nosotros llamamos entonces a la policía municipal, y en Badalona siempre vienen, no como en otros municipios – asevera Camps-. Les toman los datos a los adolescentes. El problema es que no les pueden poner ninguna multa. Aquí hay un vacío de autoridad”.

El teniente de alcalde Ferran Falcó, el responsable político de la seguridad en Badalona, adelanta que el Ayuntamiento planea la entrada en vigor el verano que vienen de nueva ordenanza específica para los arenales de la urbe.

“En la playa no caben todo tipo de actividades – dice el convergente-. Nuestro objetivo es erradicar cualquier acto de incivismo, lo realice quien lo realice”. Los socorristas coinciden en que su esperanza son los niños pequeños, los niños de todas las procedencias. “Porque se han criado verano tras verano con nuestras recomendaciones – dicen los encargados de salvar vidas en la playa-. Para ellos somos modelos de comportamiento. Nos admiran y nos hacen caso. Se portan mejor que los padres”.

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