Obama, el candidato "negro"

El Periodico, ENRIC Marín, 26-08-2008

La prensa de Lisboa, como la de Barcelona o Madrid, ha destacado estos días la cooptación del experimentado senador Joe Biden para formar ticket electoral con Barack Obama. Hay una cierta coincidencia en señalar que, con el anuncio, Obama podría recuperar la iniciativa ante John McCain, a quien las encuestas han dado una cierta ventaja las últimas semanas.
Biden muestra un perfil nítidamente centrado y es expresión de una política sólidamente demócrata. En principio, un buen complemento para Obama: católico, de procedencia humilde y experto en política internacional. Obama ha vuelto a la primera plana de la actualidad. Y, aprovechando el relanzamiento de la candidatura demó – crata, han vuelto a aparecer referencias e imágenes de los orígenes africanos del llamado “candidato negro”. Observando las fotos en las que Obama aparece rodeado de familiares africanos, vemos a un individuo comparativamente descolorido. Prácticamente blanco. Del mismo modo que cuando aparece junto a Biden destaca, por contraste, el tono moreno de su piel. Solo destaco una obviedad: Obama es tan blanco como negro. O, si se prefiere, no es blanco, pero tampoco es negro. Es medio negro, medio blanco. Un mestizo al 50%. Y esta es la paradoja nada inocente: los negros lo ven lo bastante negro como para considerarlo uno de los suyos, pero nosotros, los blancos, lo vemos demasiado negro para considerarlo uno de los nuestros. Para nosotros es negro. Un candidato negro. Un blanco solo es blanco cuando es “puramente” blanco.
Es una expresión más del hecho de que las identidades fuertes y dominantes tienden a la segregación. Se sienten cómodas viviendo la ilusión de la pureza. Mantienen, en este sentido, una actitud de distanciamiento aristocrático. No se mezclan con el subalterno. Cuando te mezclas, dejas de pertenecer. Eres de los otros. El racismo moderno arranca en la Europa preindustrial y es una forma de clasismo étnico. Una mezcla de miedo a la diferencia y desprecio al considerado socialmente inferior. Una variante del miedo a la libertad mucho más incrustada en nuestro imaginario de lo que solemos reconocer.

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