"Nos sentimos integrados"
La comunidad inmigrante, que cada vez está más presente en Durango y su entorno, muestra su total adaptación a la vida y costumbres de la comarca. texto y foto Carlos Iglesias
Deia, 23-08-2008Durango está lejos de parecerse a las ciudades cosmopolitas donde emergen constantemente culturas de diversa procedencia, pero poco a poco se acerca a la realidad de otras localidades y ciudades de Euskadi, e incluso del Estado. Según el último estudio publicado por el Ayuntamiento, que data del 2006, en la villa residen 1349 personas de 60 nacionalidades extranjeras. Es probable que en estos dos últimos años, la cifra haya aumentado de forma considerable, basta con pasarse por un lugar céntrico como Ezkurdi y entremezclarse con la gente. Blancos y negros, árabe y euskera, castellano y rumano, los idiomas y razas existentes son variopintos y provocan una simbiosis multicultural, que hace veinte años, nadie se lo hubiera imaginado. Y sino que se lo pregunten a nuestras amamas y aitites, aunque tampoco hace falta remontarse tanto tiempo atrás. La comunidad inmigrante es un sector cada vez más latente en Durango y está representado por todos los continentes. A este fenómeno, se le llama globalización. Este periódico ha tenido la oportunidad de reflejar el sentir de algunos miembros de estas comunidades.
Nancy Moreno
Argentina
Sólo hace año y medio que Nancy Moreno reside en la villa. Una historia de amor cambió su vida, “y el lugar de residencia”, añade. Desde el primer día, se quedo prendada del paisaje que rodea a Durango con el Parque Natural de Urkiola como máximo exponente, pero lo que más le impresionó fue la acogida. “Me han tratado muy bien y me han hecho sentirme integrada desde el primer día”, explica, y apunta que le habrían aceptado igual, “aunque hubiese venido sola, sin conocer a nadie”. Esta contable de profesión, reconoce que hay algunas costumbres que le llamaron la atención, “como el poteo en los bares y los pintxos”, sin embargo lo que más le sorprendió es la hospitalidad, que ella denomina “moderada”. “En Argentina es normal ir a casa de un amigo o de otro sin permiso para tomarte un mate. Aquí, te tienen que invitar”, señala con sorpresa. Dice sentirse segura en el pueblo, “sin peligros, ni delincuencia”, en alusión a un fenómeno muy presente en su Mendoza natal y sólo admite un problema en su quehacer diario. “Es difícil encontrar trabajo por el euskera”, reconoce.
Hyacinthe Manga, ‘Jacinto’
Senegal
La Comunidad senegalesa es de las más prolíficas en la villa y una de las pocas que ha creado su propia asociación. Mlomp es su nombre y está integrado por alrededor de 40 senegaleses, que dicen sentirse muy integrados, aunque reconoce Jacinto, su portavoz, que al principio fue difícil, “porque las personas necesitan conocerse y adaptarse”. Con sede en la Casa de Cultura de Pinondo, esta asociación organiza numerosas actividades e incluso han planteado proyectos como la creación de una escuela en su país de origen. Dicen sentirse queridos y "sobre todo, respetados ", y agradecen la ayuda prestada por el Ayuntamiento y por personas desinteresadas. Hyacinthe Manga, que es su nombre original, trabaja desde 2003 en Fuchosa y al igual que muchos de sus compañeros, vino de Ondarroa a Durango con la promesa de un trabajo, “que ha cumplido con mis expectativas”. Sólo echa de menos visitas a su país natal, “más a menudo” y si de algo tiene queja es de los problemas derivados del tren y los ruidos de algunas zonas, “porque el resto me encanta”.
Omar Castaño
Colombia
Aterrizó en Barajas hace siete años y medio, pero Omar Castaño, colombiano y padre de familia, sólo duró quince días en Madrid. Como tenía familia en Durango, no se lo pensó dos veces y vino. Tuvo la suerte de encontrar trabajo al de una semana, y desde entonces no ha parado. Es cocinero en el Restaurante Azkonizaga donde ha aprendido la profesión, “aunque en mi país trabajaba en la administración de una empresa privada”, admite. Castaño afirma sentirse muy integrado en el pueblo, sin embargo, reconoce que al principio se sentía perdido. “Veía tantos edificios y de tanta altura, que me sentía desorientado”, explica. Para este voluntario en Caritas, la integración es básica, “para adaptarte a la vida y costumbres de aquí”, aunque reconoce que la búsqueda de un trabajo no resulta fácil entre sus compañeros. “En Euskadi funciona mucho el boca a boca y sino te conocen, cuesta abrirse paso”, explica. Los agradecimientos públicos se suceden durante la entrevista, pero demanda una mayor continuidad en las ayudas, “es fundamental para seguir adelante”. Omar viajará el próximo mes de diciembre a Colombia para visitar a su mujer y tres hijos, " la distancia es lo que peor se lleva".
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