Veleros y cayucos
El Día, , 20-08-2008“Cayucos que cantaban folías”, es el título de un artículo publicado en EL DÍA el 28 de julio, donde se compara la emigración canaria a Venezuela en veleros con la que llega aquí en cayucos. Los canarios fueron a un país continental con inmensos recursos naturales, poco poblado y con necesidad de mano de obra. Muchos portaban documentos, algunos visado y ninguno negó quién era ni de dónde llegaba. No le ocasionaron gastos al Estado venezolano, ni siquiera los menores, porque viajaban con sus padres o con edad legal para trabajar y miles de paisanos los esperaban para emplearlos en sus haciendas, industrias o comercios. A nuestro pequeño territorio superpoblado, con escasos recursos y con alto índice de desempleo, desde hace muchos años están llegando oleadas de inmigrantes está pasando ahora de todo un continente, y hasta de dos. No traen documentos y la mayoría de ellos no se sabe ni de qué país es, porque se niegan a decirlo. Cada vez vienen más menores, que ya nos cuestan más de diez millones de euros al año.
Sin embargo, los canarios de los veleros hubieran deseado un recibimiento como el que se les da a los de los cayucos, sobre todo los que fueron condenados a seis meses de trabajos forzados en El Dorado y en Guasina. No es admisible que se tergiversen hechos, falseen datos, inventen historias, para tratar de manipular a la opinión pública en favor de una tendencia política. Una nave no se mide sólo por su eslora. Los cayucos han naufragado bordeando la costa continental, ¿cuántos atravesarían los más de 5.000 Km. de océano? El “Telémaco” tenía 27 metros de eslora, no 20, como dice el artículo, por 6 metros de manga y otros tantos de puntal, y no hizo varios viajes a Venezuela, sino sólo uno, como los demás. Sus capitanes sí sabían navegación, porque navegaban entre islas o entre las Islas y África. No fueron “unos 12.000 canarios”; ni “cientos de embarcaciones”; ni “llegaban a puerto con más de 200 ocupantes”. Excepto el “Nuevo Teide”, con 286 pasajeros, no 300, como dice el artículo, el “Delfina Noya”, con 230, y otros con más de 100, la mayoría no pasaron de 50, y algunos no llegaron a 10. Lo sorprendente es que el profesor Manuel Hernández avale estos datos, cuando él, en dos de sus libros: “Canarias: la emigración” y “La emigración canaria a América”, casi idénticos, cita a José Ferrera Jiménez y la cifra de “entre 6.500 y 8.000 personas”; y al más fiable de todos: Javier Díaz Sicilia, palmero que de niño vio salir veleros de su isla, adolescente emigró a Venezuela, se hizo periodista, trabajó en radio y televisión y dedicó muchos años a investigar y a consultar a viajeros para realizar su gran obra “Al Suroeste, la libertad” un libro que todo canario debería leer, para acabar con algunos mitos, donde están los nombres de los 62 veleros registrados, puertos y fechas de salida, escalas, puertos y fechas de llegada y número de viajeros de cada uno de ellos; para una suma de 3.847 viajeros. Aunque el autor, quizás cauteloso por si se hubiera quedado algún velero sin registrar, redondea la cifra en 4.000, “aproximadamente”. La emigración masiva de canarios a Venezuela fue entre 1951 y 1958, con visados y en trasatlánticos o aviones. Total, tres años de emigración clandestina para menos de los que han llegado a Canarias en pateras y cayucos en un solo mes. Y, al menos, dos veces: 4.903 inmigrantes en mayo de 2006, y 4.772 en agosto del mismo año.
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