Negros de alma blanca
ABC, , 14-08-2008SALE la copla flamenca y dice «Un cacho pan le di a un pobre / y me bendijo mi mare; / pa una limosna tan chica, / qué recompensa tan grande». Reconocía el que dio el pan que tampoco era para tanto, que hubiera bastado con que su madre le hubiese dicho que lo que acababa de hacer estaba bien hecho. Pero la copla es la copla. Esa, desde luego, no la va a cantar, mientras se pone torrefacto bajo el sol de Sevilla, el nigeriano que encontró una cartera y la devolvió… con dos mil setecientos euros dentro. No la va a cantar porque el dueño de la cartera dio de recompensa cincuenta euros para que se lo repartieran Dom Amby y su compañero, Kingsley Kene, dos negros que venden klines en un semáforo cerca de la Esclusa. Los negros que tienen el alma blanca, si supieran flamenco, quizá cantarían: «Nos dieron cincuenta euros / por cerca de medio kilo; / para un detalle tan grande, / qué premio tan chungo, quillo».
Ni el dos por ciento de lo que había en la cartera. Vaya ridiculez. Si los negros se quedan con la cartera y con los dos mil setecientos euros, y nos enteramos, les queda poco que aguantar a los negros del semáforo y los pañuelitos. Hubiésemos pasado por el semáforo diciéndoles de todo, que si menos pañuelo y más honradez, que si váyanse a Nigeria a rebuscar en los contenedores, que si no les compro pañuelitos ni aunque se me estén cayendo los mocos… Pero como los negros han demostrado tener más honradez que hambre, como han demostrado que por dos mil setecientos euros no merece la pena perder el sueño ni un día, como han sido tan generosos, el que ha quedado como Cagancho en Almagro es el dueño de la cartera, que por lo menos podía haber soltado algo más, hombre, que cincuenta euros de recompensa por una cartera que lleva dentro cerca de medio millón de pesetas, es casi peor que no dar nada. Esa recompensa ofende más que arregla. No sé si será porque los que encontraron la cartera son negros o porque el dinero no era suyo. No lo sé. Pero la recompensa es tan rácana que era para hacerle lo que le hizo un amigo mío a uno que perdió un perro de raza que valía un dineral, que cuando se lo devolvió, le dijo que se tomara lo que quisiera en el bar de la esquina, y mi amigo le respondió: «No, gracias, no bebo. Tome usted mil pesetas para que le compre al perro un collar y una cuerda, para que no se le escape otra vez». Y al tío del perro se le quedó una cara que no sabía dónde meterla. En este caso de la cartera, era para que los nigerianos que van todos los días al tostadero «¡vamos, chicos, al tostadero!» del semáforo a vender klines, al recibir los cincuenta euros de recompensa, le hubiesen dicho al de la cartera: «No, muchas gracias. Ya tenemos para comer hoy. Y tome usted unos pañuelitos para que se limpie los sudores de preocupación… si otra vez pierde la cartera».
gbarbeito@telefonica.net
(Puede haber caducado)