Sobrevivientes quieren repetir ilegal travesía

El Universo, CUENCA, 11-08-2008

| SANDRA OCHOA

La difícil situación económica  los empuja a arriesgar  sus vidas con tal de llegar a EE.UU.

Cinco días transcurrieron para que un pescador esmeraldeño descubra en alta mar a nueve personas aferradas a un tanque plástico que les permitió flotar y evitar que se hunda como sus 94 compañeros del periplo que los llevaría con destino final a Estados Unidos, pero que terminó con un naufragio el 13 de agosto del 2005.

Las imágenes de los cuerpos que se hundían  con el barco pesquero que los transportaba no se borran de la mente de Rosa Cuzco, oriunda de Cañar, hoy con casi 18 años, casada y con un hijo de 2 años. Pese a eso, está dispuesta a intentar un nuevo viaje ilegal.

“Sinceramente uno de estos días con  mi esposo y mi hijo nos vamos. Si no llegamos lo volveremos a intentar porque aquí es como morirse poco a poco”, expresa desde la ventana de su casa construida con tablas y donde junto a la cama hay una refrigeradora y un estante con gaseosas que vende a quienes juegan voleibol en la cancha que hace un año instaló su esposo para ganarse la vida.

Junto a ella sobrevivieron Julio Sisalima, Segundo Cabrera, Milton Pucha, Geovanny Lalbay, Vilma Castro, Rómulo Luna y Roberto Cajo (todos  de Azuay),  y Pedro Díaz, (de la provincia de El Oro).

Cuzco  tiene la esperanza de llegar a  Estados Unidos en un nuevo intento, ya que el año anterior su hermano de 15 años logró este propósito y ahora reside con su mamá en Los Ángeles y ayuda a sus dos  hermanos menores, que junto a otros once primos están al cuidado de su abuela María Chabla.

La situación se complicó hace dos meses. Durante la temporada de lluvias el terreno de la casa que construyó en Cojitambo, con las remesas que enviaba su madre, se desplomó, al igual que una vivienda de adobe de su abuela, quien ahora vive en un pequeño cuarto con los trece  nietos que cuida.

Mientras, en San Martín de Zhío, comunidad de Chordeleg, Celia Hurtado sigue tejiendo sombreros de paja toquilla; pero ahora se encarga sola del cuidado de sus tres hijos, ya que su esposo, Segundo Cabrera, viajó a Estados Unidos el 25 de abril, cuando cumplió 30 años. “Sobrevivió para volverse a ir y aunque ahora lo extrañamos, confiamos en que volverá en tres años como nos prometió desde la primera vez que se fue”, señala mientras una lágrima moja su tejido.

La intención de Segundo, según su esposa, es recuperar la casa que perdió para pagar la deuda del primer viaje y reunir dinero para la escuela de sus hijos. “Nos cansamos de esperar y gastar plata en viajes a Quito para ver si la Embajada de EE.UU. cumple su promesa de darnos una visa”, acota.

Los sobrevivientes del naufragio están desilusionados.  Wilma Castro lamenta el incumplimiento de las promesas de conseguirles trabajo, becas y principalmente, de entregarles una visa a cambio de información sobre los coyotes que organizaron el viaje.

“En septiembre, antes de que se cumpla un año de la tragedia,  personas que dijeron que trabajan en la Embajada de EE.UU.  nos visitaron  a muchas personas para pedirnos información con el ofrecimiento de darnos visas junto con nuestras familias, pero nada”, dice molesta.

Julio Sisalima confirma esa aseveración, incluso comenta que a él le cumplieron en parte esa promesa, ya que estuvo tres  meses en EE.UU., pero regresó porque el incumplimiento fue con su esposa y su hija, a quienes los coyotes perseguían y amenazaban. “Por eso regresé, tengo que proteger a mi familia”, sostiene  entre lágrimas y asegura que desde que denunció a los coyotes perdió tres empleos y cambió más de cinco veces de domicilio.

Detalles
FAMILIARES DE VÍCTIMAS

Jefes de familia
Los hijos mayores de los emigrantes y sobrevivientes asumieron en muchos casos como jefes de familia y empezaron a laborar en diversas áreas.

Terapias
Fundación de Intervención y Terapia Familiar Sistémica trabaja con los afectados, para ayudarles a superar el dolor que aún causan los recuerdos de la tragedia.

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