Inmigrantes chinos envían a los bebés a vivir a su país

El Periodico, ANTONIO BAQUERO, 11-08-2008

El bebé tenía solo cinco meses. Pero Lin, como otras madres chinas que han dado a luz en Barcelona, creyó no tener opción. Por eso hizo lo que la mayoría de inmigrantes de esa comunidad residente en España hacen a los pocos meses de dar a luz: enviar a su bebé a China, donde estará al cuidado de sus abuelos.
Lin aún recuerda el momento desgarrador de la separación. “Es muy difícil vivir sin él, pero mi marido y yo no tenemos opción. Trabajamos en una tienda desde primera hora de la mañana hasta pasadas las diez de la noche y no tenemos con quien dejarlo. Además, sé que con mis padres estará bien”. Ahora, esta mujer cuenta los días que faltan para poder tomarse las primeras vacaciones en varios años. “Estoy muy contenta. Dentro de poco iré a China y podré ver por fin a mi niño”, cuenta feliz tras el mostrador del comercio en el que trabaja.

300 REGRESOS EN MEDIO AÑO
Pese a ser muy poco conocida en el resto de la sociedad, la práctica de las familias chinas de mandar a los bebés a su país de origen está sumamente extendida entre el colectivo asiático que vive en España. Los niños son enviados o bien con los padres o bien con algún familiar que viaje a China y no regresan hasta que tienen 3 o 4 años. De hecho, cifras de extranjería muestran que de enero a junio de este año, al menos 300 niños chinos enviados a su país de bebés han regresado a Barcelona.
“Para los emigrantes chinos, el trabajo es lo primero. Vienen aquí a fundar un negocio. Son conscientes del precio que hay que pagar para conseguir un futuro en España. Para lograrlo, están dispuestos a trabajar todas las horas que haga falta”, explica una mediadora española experta en esta comunidad.

EXPLOTACIÓN ACEPTADA
“En la fase de asentamiento, cuando llegan a España, los chinos asumen que deben trabajar para otros chinos casi en régimen de explotación para poder ahorrar y más tarde abrir su propio negocio”, añade esta experta, quien explica que, en esas condiciones, hacerse cargo de un bebé les es casi imposible: “Cuando el marido y la mujer trabajan desde por la mañana hasta pasada la medianoche, es inviable cuidar de un bebé”.
“Para los chinos, lo primero es el trabajo”, coincide Zhou, una china que reside en Barcelona, donde dirige una pequeña empresa de importación y exportación. Ahora, a esta mujer las cosas le van bien. Pero ella también vivió la separación. “Estuve 10 años sin poder ver a mi hijo”, explica, y recuerda: “Yo llegué a España a las doce del mediodía de un sábado. A las siete de la tarde de ese mismo día ya entré a trabajar en un restaurante chino”. Esta empresaria explica que muchas mujeres chinas o bien desconocen la existencia de la baja por maternidad o bien temen pedirla por si pierden el empleo.
Así, ante unos padres abducidos por el trabajo, la única opción de las familias son los abuelos. Algo parecido a lo que sucede con muchas parejas catalanas, con la única diferencia es que, en este caso, los abuelos están en China. “Los chinos creen que sus bebés van a estar mejor con sus abuelos. Es una relación de reciprocidad. Los nietos quedan al cuidado de unos abuelos que viven gracias a las remesas que les envían sus hijos”, comenta la mediadora.

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