«Pedían seis meses por adelantado»
Relata que, para entrar en el piso de alquiler, puso «3.200euros en total»
Diario Vasco,
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11-08-2008
Ahmed Abdoulkarim es un camerunés de 38 años que llegó al País Vasco en 2005. Después de trabajar en plataformas petrolíferas del continente africano, se desplazó a España porque le habían asegurado que era un buen país de acogida. Tres años más tarde, esa percepción se ha empañado, pues no ha conseguido el permiso de trabajo ha tenido que superar grandes obstáculos para encontrar un techo.
- ¿Cómo se las arregló al llegar a Euskadi?
- Entre 2005 y 2007 viví en una habitación sin ventanas y con un alquiler muy caro. Estaba empadronado, pero me enteré de que la propietaria defraudaba a Hacienda.
- ¿Qué hacía exactamente?
- Un día fui a renovar el padrón y descubrí que en el piso estaban registradas, además de la dueña y de mí, otras dos personas que no vivían en España. Ella utilizaba el inmueble para recibir ayudas. No me gustan estas cosas, así que lo denuncié, porque si venía la Policía, yo también podía tener problemas.
- Y tuvo que mudarse.
- Me dieron dos semanas para que me marchara. Pero CEAR me ayudó a buscar otro piso de alquiler.
- ¿Le pusieron muchas dificultades?
- Sí. Al principio me pedían 700 euros al mes, luego 750 y al final 800. Para entrar en el piso tuve que poner 3.200 euros en total: tres meses de fianza y los 800 del primer mes por adelantado. Y no fue peor gracias a que me ayudó Miguel Navarro, un colaborador de CEAR, porque querían que pagase seis meses de anticipo.
- Con ese panorama tuvo que conformarse.
- Dije que aceptaba, pero siempre que pudiera subarrendar la vivienda a otros inmigrantes. Yo solo no podía pagar tanto dinero, pero la dueña se negó.
- Tenía miedo, quizá, de que su casa se convirtiera en un ‘piso patera’
- La gente se confunde. Miguel Navarro le explicó a la casera que no era lo mismo. Ella no tendría que pagar más impuestos si yo subarrendaba el piso. Los inquilinos tienen derecho a empadronarse y no hay ningún problema. Yo quiero ayudar a otros inmigrantes, porque de esta forma pueden recibir ayudas sociales.
- ¿Cómo acabó la negociación?
- La dueña aceptó. Pero he tenido que pagar siete meses por mi cuenta y poner una nevera, el fogón, el sofá… El piso estaba vacío. Ahora sólo espero dos cosas. La primera es que lleguen unos amigos africanos de Mallorca para compartir la vivienda y pagarla entre todos.
- ¿Y la segunda?
- Que me den por fin el permiso de trabajo para montar mi empresa de importación y exportación de piezas de automóvil y electrodomésticos.
- ¿Qué le impulsó a marcharse de Camerún?
- Me fui para estudiar. En el bachillerato aprendí mecánica del automóvil y después hice Ingeniería industrial politécnica. Vine a España porque las condiciones de acogida eran mejores que en otros países europeos.
- ¿Cómo recaló en el País Vasco?
- Primero estuve en Mallorca y después en Las Palmas, donde logré los papeles de residencia. Me enteré de que en Vizcaya se podían estudiar muchos cursos gratuitamente y decidí venir. Empecé en la Educación Permanente de Adultos (EPA) con el idioma, lo más importante. Después continué con cursos de soldadura y mecanizado, y con otro para poder trabajar como autónomo. Yo no estoy aquí para vivir en la calle. Para trabajar, hay que estudiar.
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