El acoso es común en España

El Universo, Patricia Villarruel, 07-08-2008

| MADRID

Alumnos foráneos viven mayor maltrato al ser excluidos por españoles, concluye un informe.

Es posible que la agresión a María José A.C., la menor ecuatoriana que recibió una paliza de una compañera de instituto en la localidad madrileña de Colmenarejo, no sea un caso de bullying.  Es decir, de acoso sistemático y continuado para someter a la víctima y anular su capacidad de relación. Pero el incidente invita a la reflexión sobre la violencia juvenil y la hostilidad a escolares extranjeros en aulas españolas.

Conmueve la mirada huérfana de ilusión de María José, pero también la tristeza en el rostro de Luis Carlos, ecuatoriano de 13 años, a quien le cuesta sonreír. En más de una ocasión sus compañeros se burlaron de su color de piel, cobrizo como el de su madre, pero distinto al del resto de alumnos. No faltaron  los golpes ni  los insultos. Luis Carlos vive con ayuda psicológica porque “tiene la autoestima por los suelos”, lamenta Verónica, su mamá. Sus palabras son un ruego para que las secuelas del acoso a su primogénito no sigan minando su existencia.

La esmeraldeña Mayra R. perdió a Galo, su único hijo que  murió atropellado a los 11 años, en mayo del 2005 en Barcelona, después de que presuntamente dos compañeros de clase –sexto de primaria– manipularan los frenos de su bicicleta. Soportó, también, insultos y burlas.

Ambas historias pueden considerarse casos de  bullying. Un chico agresor, dice el psicólogo Ferrán Barri, director de SOS Bullying, “sufre carencias afectivas, baja autoestima y la necesidad de ser reconocido por su grupo”.  Estudiantes foráneos son los más vulnerables de sufrir acoso, “en el sentido de que el acosador los ‘presente’ ante el grupo como diferentes y que este acepte tal diferencia como algo negativo por la manipulación que ha sufrido”. De todas formas, si el acosador quiere someter a alguien lo justificará ante sus pares a base de cualquier característica, “si no es la procedencia será la altura o el tamaño de la nariz”.

Un informe del Defensor del Pueblo/Unicef sobre violencia escolar reconoce la existencia del “alumno invisible”, cuyo rostro es el del inmigrante. Esperanza Ochaíta, directora del estudio, explica que de 3.000 entrevistas, el 8% las respondieron alumnos extranjeros y de allí se deduce que reciben más maltrato por exclusión que los autóctonos. El 20% dijo sentirse excluido y el 1,9% recibir amenazas con palos, navajas y cuchillos. Pocos denuncian.

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