El valor de la experiencia
Han pasado por el mundo de la droga, la delincuencia y la cárcel. Tras reinsertarse, cuatro vecinos de La Palmilla fundan una asociación para evitar que los niños de la barriada caigan en el mismo pozo
Diario Sur,
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05-08-2008
Que la vida da muchas vueltas no es nada nuevo. Cuatro vecinos de La Palmilla pueden decir que las suyas han dado un cambio radical. Se encuentran en la treintena y han pasado del mundo de la droga, la delincuencia, e incluso algún ingreso en prisión a fundar una asociación con la que pretenden que los niños y jóvenes de la popular barriada no caigan en el mismo mundo, ni cometan los mismos errores que ellos. Esta es la historia de José Manuel Arenzana, Juan Torres, Francisco José Lozano y Jesús Rodríguez, más conocido como ‘El Chule’, los fundadores de la Asociación para la integración de la comunidad gitana Palma – Palmilla.
Todavía no disfrutan de ninguna subvención y desconfían del trabajo de las instituciones ya que «ellos no pueden ver el dolor del barrio porque no lo han vivido», reclama Lozano. «Aunque nosotros no tengamos estudios sabemos lo que estos niños necesitan y cómo podemos ayudarlos», recalca el voluntario.
Durante el curso escolar, su día a día comienza muy temprano, se levantan sobre las seis y media de la mañana y van casa por casa para recoger a cincuenta niños que hasta ahora no iban a clase para llevarlos personalmente. «Ellos hablan de absentismo, pero no conocen las causas por las que no van a clase, detrás de cada niño hay una historia», añade Arenzana. Torres confirma que han conseguido que baje en un treinta por ciento el número de críos que no va al colegio. «Al principio no querían levantarse y a la semana cuando íbamos ya estaban hasta vestidos», apostilla Rodríguez.
Actividades
Tras dejar a los pequeños, se van a trabajar, cada uno en «las chapuzas que van saliendo». Hasta primera hora de la tarde, cuando acuden hasta el centro de servicios sociales comunitarios 26 de Febrero, donde el Ayuntamiento de Málaga les ha cedido parte de las instalaciones.
Allí han montado un gimnasio con el que los muchachos se entretienen y «empiezan a verse más guapos», además de un taller de boxeo con el «descargan toda la adrenalina que tienen en el cuerpo». «Hacemos actividades y los niños se quedan aquí todas las días y no están tirados en la calle», afirma Jesús. Además de disfrutar de distintas actividades y juegos, hacen las tareas del colegio, cantan y bailan en compañía de otros escolares de su edad.
Sobre las seis llega la hora de la merienda, gracias a los alimentos que Bancosol les proporciona cada mes para que «ningún niño de La Palmilla se quede sin merendar». Aunque tienen trabajo por delante, los cuatro amigos no paran de idear nuevos proyectos porque, aseguran, «la gente de La Palmilla quiere cambiar».
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