ACCIÓN SOCIAL
Diferentes, pero iguales
Un intercambio une a menores del internado de Loiu con jóvenes alemanes
El Correo, , 01-08-2008Pocas personas sabrán situar a la primera la ciudad de Gelsenkirchen en el mapa. Sin embargo, algunos de los menores del centro de internamiento Zabaloetxe de Loiu no dudarán ni un segundo a la hora de ubicarla en Alemania cerca de Colonia y de explicar los rincones del lugar que ningún buen turista puede perderse. De allí proceden los ocho jóvenes que, desde hace una semana, se encuentran en Vizcaya como parte del programa de intercambio juvenil ‘Ánimo por la multiculturalidad en Europa’. Un proyecto que a mediados de julio llevó también a ocho chicos del internado vizcaíno a conocer el municipio alemán.
«Nuestro objetivo es animarles a valorar las diferentes culturas que conviven en el mismo espacio europeo», explica Carlos Sagardoy, director del centro de Loiu. Este hombre no esconde la satisfacción por ver a los chicos de su internado compartir experiencias con otros menores alemanes. Desde el primer día que se encontraron en Gelsenkirchen «ha habido mucha armonía entre ellos», destaca Adolfo Fermoselle, uno de los educadores que acompaña al grupo. El grado de compenetración fue tal, que hasta surgieron amores a primera vista entre miembros de los dos centros y ahora no hay quien les separe. «Fue un flechazo», comenta Fermoselle mientras los jóvenes ríen alrededor.
Cultura, deporte y fiesta
El buen humor es una constante en estos días que, a juicio de Sagardoy, sólo pueden ser calificados como de «enriquecimiento y celebración». Las actividades culturales son una de las principales fuentes de aprendizaje para estos particulares turistas que, de su viaje a Alemania, destacan la visita al Muro de Berlín, la Puerta de Brandeburgo o la catedral de Colonia. Pero ninguno de ellos olvida tampoco las fiestas. Ibrahim Koumali, un marroquí de 17 años, es uno de los más animados del grupo vizcaíno e insiste en lo bien que lo pasaron la noche del miércoles en Algorta, «donde bailaron todos juntos», aclara Fermoselle. Los jóvenes alemanes recuerdan también esta ‘gaupasa’, aunque «disfrutamos mucho más de la playa porque allí no tenemos», reconoce Jens Müller, que desde hace dos décadas trabaja con los menores teutones.
La diversión para otros tiene forma de balón de fútbol. Este es el caso de Mustafa Fayou, uno de los miembros del internado de Loiu al que le pierde un buen partido con sus compañeros. «En el centro tenemos más de treinta jugadores y un material que ya querrían muchos equipos de tercera división», advierte el educador y entrenador de los chicos, Jaouad Bouchra. Para el director de Zabaloetxe, «el deporte es otra forma más de hacer amigos» y de evitar que los menores formen guetos entre ellos.
Nuevos amigos
La integración con otros jóvenes no parece haber supuesto ningún problema durante el intercambio. «Cada día tienen más compatibilidad», señala Fermoselle. La experiencia de otros años les dice que las relaciones creadas durante estos días traerán muchos lloros en el momento de la despedida, para la que falta aún una semana. «Antes seguían en contacto a través de postales, pero ahora se intercambian mails», recuerda Sagardoy. Sin embargo, aún quedan muchas horas que apurar juntos. Para los próximos días, la organización les ha preparado visitas a ciudades como San Sebastián, Vitoria o Pamplona y, al final del encuentro, un paseo por la Expo de Zaragoza.
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