Hermano kikuyu
Dos religiosos keniatas tomaron ayer los hábitos en el monasterio benedictino de Estíbaliz, donde ya sólo quedan seis monjes
El Correo, , 29-07-2008Cuando Timothy Maina Muturi y John Kahuthu Mwaura llegaron al santuario de Estíbaliz no se quedaron impresionados por el templo románico ni por sus piedras centenarias. «El edificio que más les gustaba era el restaurante, porque estaba pintado de muchos colores», recuerda el prior de la comunidad de benedictinos, Bittor Mujika. Hay quien podría ver en la anécdota un muro para la integración, pero el abad no: «Con estas cosas, uno también aprende».
Eso ocurrió hace seis meses, y desde entonces los dos religiosos keniatas, de etnia kikuyu, comparten rutina y oración, que viene a ser lo mismo, con la comunidad benedictina de Estíbaliz. Como la cosa no ha ido mal, ayer tuvo lugar la toma de hábitos, el inicio del noviciado. Durante un año y medio los dos aspirantes, ambos de 33 años, vivirán integrados en la comunidad. Si todo va como está previsto, luego harán profesión para tres años con los votos habituales y, a continuación, llegará el compromiso de por vida.
Como es lógico, la historia de Timothy y John comienza en su país natal. Eran seminaristas en Nairobi, donde estudiaban teología, cuando una monja les habló de la falta de vocaciones religiosas que afectaba a la vieja Europa y se decidieron a hacer las maletas. «Llegaron por avión. Para nosotros, sus familias son muy pobres, pero para lo que hay allí no están mal», relata el prior, que ejerce de portavoz de los forasteros, atenazados por los nervios y por sus dificultades con el idioma.
Durante los últimos seis meses han compartido tiempo y espacio con la veterana comunidad de benedictinos, levantándose a las seis y cuarto de la mañana y dedicándose a la actividad propia de los monasterios: rezar. Aunque los monjes también les han cedido un huerto («su pueblo es de tradición campesina», recuerda Mujika) y allí cultivan maíz blanco y alubias. Además, reciben clases de castellano, de espiritualidad, benedictina, de convivencia, de liturgia, y también de mus.
Durante los próximos meses tendrán la oportunidad de demostrar «qué les empuja a esto, ¿la búsqueda de Dios? ¿Europa?…». El prior sabe de la atracción que ejerce el viejo continente para los jóvenes africanos, y lo entiende.
El acto de ayer se celebró en la capilla, un recinto con aire de hospital y tubos fluorescentes. Esa atmósfera fría fue fulminada en pocos segundos por la solemnidad de los cantos monásticos. Una treintena de personas asistieron a la toma de hábitos. Entre ellas, un par de monjas keniatas que cantan bien en euskera.
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