Niñas crecen lejos de sus padres 

Prensa Libre, 28-07-2008

Hace tres años que Kimberly Baquiax ya no es la misma niña alegre y juguetona que todos conocían. Desde que sus padres y su hermano se fueron a Estados Unidos, está triste y, según sus maestros, se muestra retraída con sus compañeras de clase.

Cuando habla de sus padres lo hace con cariño, sabe que se fueron por su bien y que en Totonicapán no tenían muchas oportunidades, pero no puede evitar extrañarlos y estar triste por su ausencia.

Al igual que ella, el 20 por ciento de las 523 niñas de la escuela Miguel García Granados, de ese departamento, sufren la carencia de alguno de sus progenitores.

Al hablar con ellas se puede notar cómo la tristeza invade sus corazones, se les quiebra la voz y no falta la que llora sin consuelo.

Sus tutores —madre o abuelos— reciben remesas cada mes, y con ese dinero mejora su condición de vida, pero las niñas dicen que prefieren a sus padres que los dólares.

Kimberly expresa: “Quiero crecer, para poder ir con mis papás y mi hermano”. Este último se fue hace un mes, porque ya tenía la edad suficiente.

Su abuela, Juana Tzunún de Baquiax, sabe que la niña está triste y que el amor con que ella y su esposo, Juan Baquiax, la tratan nunca evitará que extrañe a sus padres.

“Con todo mi amor las tengo en la casa, pero no es lo mismo”, comenta.

Otro caso es el de María Esperanza Gutiérrez, de quinto grado. Su padre se marchó hace 10 años, y aunque en el 2007 tuvo la oportunidad de conocerlo en persona, para ella era casi un desconocido.

La directora del plantel, Auda Soto, sabe del sufrimiento de las pequeñas. “Es muy triste la situación que están viviendo; la ausencia de sus padres les afecta en el rendimiento escolar y en el estado de ánimo”, cuenta.

Marina Mogollón, maestra de segundo grado, coincide en que la ausencia paterna afecta el desarrollo emocional de las menores. “Crecen con un vacío emocional”, dice.

Camila Tzul de Alvarado, directora departamental de Totonicapán, explica que este es un problema generalizado en casi todas las escuelas del lugar.

Stephanie Rosito, psicóloga clínica especializada en niños, asegura que la presencia de los progenitores durante el crecimiento de los hijos es fundamental, por lo cual es importante que los padres hablen con los niños.

“Deben contarles cuánto tiempo estarán separados y los motivos de la separación”, aconseja. “También es importante que les hagan saber que los quieren y que estarán pendientes de ellos”, afirma.

La emigración hacia EE. UU. es un fenómeno que se da en Totonicapán desde finales de la década de 1990.

Una encuesta sobre migraciones efectuada por la Organización Mundial para las Migraciones concluye que de los migrantes guatemaltecos en EE. UU., el 24.7 por ciento es de Sololá, Totonicapán, Quetzaltenango, Suchitepéquez, Retalhuleu y San Marcos. La mayoría de quienes han viajado desde Totonicapán vive en Houston, donde hay una comunidad maya k’iche’.

Las historias de vida que cuentan los pobladores de diversos municipios relatan la experiencia de la migración. Vecinos y amigos no solo describen la experiencia del viaje de quien se fue, sino que son capaces de hablar sobre cómo ha sido su vida en Houston.

Muchos regresan para las fiestas del pueblo, y los jóvenes, al verlos bien vestidos y con dinero, deciden irse también, por lo que la migración en esos lugares es un fenómeno recurrente.

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