Los extranjeros que aprenden la lengua se muestran sorprendidos por las críticas de Puig

El Periodico, CATALINA GAYÀ, 19-07-2008

Sorprendidos y estupefactos. “¿Qué ha pasado?. No lo entiendo”, preguntaba Santiago Ricardo en castellano y Laia Navas, su profesora de catalán en el Centre de Normalització Lingüística de Barcelona, lo animaba para que dijera lo mismo, pero en catalán. Sin miedo; sin rubor. El alumno no titubeaba y, con un delatador acento argentino, traducía la pregunta. La respuesta lo enmudecía.
El número dos de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), Felip Puig, había declarado el miércoles que que se había puesto de “mal humor” tras constatar que el presidente de la Generalitat, José Montilla, “destroza” el catalán y que no es “capaz de usar la lengua propia con propiedad”.
Los cuatro alumnos de la clase B2 – – el curso intermedio del nivel básico de catalán – – que permanecían en el aula se quedaban sin palabras; ni en catalán ni en castellano. Era la primera vez que oían algo parecido. “¿Ridiculizar a alguien por el acento cuando se esfuerza y habla una lengua que no es la suya?”, resumía en voz alta Rida Jeudoubi, uno de los estudiantes del curso.
De hecho, en la clase nadie había escuchado nada de las polémicas declaraciones. Es más, aquí nadie sabía quién es Felip Puig y algunos hasta confundían a Montilla con Josep Lluis Carod – Rovira. Expuesta la situación, Santiago Ricardo, argentino, Emelina López, madrileña, Ana Krenkova, checa, y Rido Jeudoubi, tunecino, decían no entender nada. No solo eso: explicaban que “esto” no es lo que pasa en la calle. “Los catalanes están contentos cuando les hablo en catalán. No les importa si me equivoco”, reflexionaba Ana Krenkova. “Trabajo en un restaurante y cuando hablo en catalán, los clientes me felicitan. No importa si lo hago mal”, decía Ricardo Santiago.
Los cuatro aclaraban que empezaron a estudiar catalán porque residen, estudian o trabajan en Catalunya. Emelina López era la excepción del grupo. Vive en Málaga y estudia catalán por amor a la lengua. “Estas declaraciones suponen un acto de discriminación gratuita. Dividen a la gente entre buenos y malos”, se quejaba Emelina.
Frente a sus alumnos, Laia Navas decía que declaraciones como estas “hacen mucho daño”. “Lo que cuesta más es lanzarse a hablar y que te digan algo así es muy frustrante. Estamos intentando que la gente entre de lleno en la cultura catalana y hay gente que desdeña el esfuerzo que esto supone”, se quejaba. Sus alumnos estaban de acuerdo, pero querían dejar claro que a ellos “las palabras de un político” no les quitan las ganas de aprender la lengua.
A mediodía, los pasillos del centro eran un guirigay de alumnos llegados de todos los países. “Adéu!”, era la palabra más escuchada. Luego, entre corrillos, cada cual en su lengua: chino, urdú, castellano, árabe.

Más inscripciones
En el 2007, el Centre de Normalització Lingüística de Barcelona recibió 20.038 inscripciones en los tres módulos del nivel básico de catalán (B1, B2, B3). El número de matriculados en el nivel 1 aumentó un 18% respecto al 2006.
El director del Centre de Normalització Lingüística de Barcelona, Antoni Mataix, se lamentaba por las consecuencias de las palabras de Puig: “La función de los políticos es animar a la gente a que hable catalán. Una declaración de este tipo no anima a las personas que están en un proceso de normalización lingüística”.
En el aula, incitados por la profesora, los cuatro estudiantes empezaban un diálogo en catalán. Se reían, se corregían cómplices y cada uno pronunciaba a su manera la palabra “platja”.
Ana Krenkova calificaba de aburrido algo que decía Santiago y este se defendía. Cinco, diez minutos discutiendo en catalán y luego el adéu con fonética internacional. “Mucha gente tiene miedo de hablar en catalán. Yo lo intento y, poco a poco, voy aprendiendo. Nunca me he encontrado a nadie que me diga algo si lo hago mal”, concluía Ana Krenkova. La polémica no cabía en el centro. Aquí se animaban unos a otros a salir a la calle y hablar catalán: pese a la dicción, la fonética o el acento.

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