ASUNTOS INTERNOS

Nuestro Río Grande

El Mundo, LUCIA MENDEZ, 17-07-2008

La línea imaginaria que separa España de Marruecos, por tierra y mar, es la séptima frontera más desigual del mundo, según el ránking que mide las diferencias de renta per cápita. La séptima del mundo y, por supuesto, la primera de Europa. Para hacerse una idea más cabal del escalón inmenso que separa España de Marruecos, hay que tener en cuenta que la frontera entre Estados Unidos y México ocupa el número 17 en el citado ránking. Aunque en cuanto a creación literaria y cinematográfica, el Río Grande gana de calle al Estrecho de Gibraltar. Ceuta y Melilla no pueden competir en mito – logía con El Paso o Ciudad Juárez. Iñigo Moré, experto en inmigración, señala que mientras las desigualdades entre México y Estados Unidos han disminuido apreciablemente en los últimos años, el abismo económico que separa España de Marruecos ha aumentado y sigue aumentando. El lo tiene muy claro: «O se comparte riqueza, o se recibe miseria».


Nuestro Río Grande, el que se traga los cadáveres de las personas que quieren llegar al Primer Mundo, es el Estrecho. Y ahora también el Mar de Alborán. Un número indeterminado de niños y bebés descansan bajo sus aguas. Son los santos inocentes de la inmigración ilegal. Como dijo Zapatero, la tragedia de los cadáveres de los niños arrojados por la borda de los cayucos, donde sus madres inconscientes no tienen fuerzas para mantenerlos hasta llegar a tierra y darles un entierro digno, es insoportable.


El drama de los niños arrojados por la borda nos ha puesto delante de los ojos una frontera aún peor. La de Marruecos con los países subsaharianos. Una frontera donde mandan las mafias criminales que han sustituido el tráfico de droga por el tráfico con seres humanos. Muchos de los críos eran fruto de la violación de las mujeres inmigrantes que esperan en lugares infames e insalubres para embarcar en las lanchas. Según las ONG, estas parias de la Tierra son violadas incluso por policías sin escrúpulos.


La sociedad hipermoderna tiene mucha facilidad para digerir imágenes tan espantosas como las de los imponentes negros que se apiñan en el fondo de los cayucos a la espera de que la Guardia Civil les rescate con la ayuda de grúas porque ellos no pueden moverse. Hay que ser alguien sin entrañas para no permitir que esos parias se queden en España, después de un viaje por la laguna Estigia. Sin embargo, el blindaje de la frontera dicta que tienen que ser devueltos a sus países en cumplimiento de las normas sobre inmigración ilegal.


Grave dilema político y moral al que se enfrenta el Gobierno. Ser un desalmado o hacer cumplir la ley. Zapatero lo resuelve con palabras hermosas. Pero después su ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, tiene que hacer de malo y decir que los miserables de la frontera no se pueden quedar aquí. Es probable que el dilema se haya resuelto por la vía de en medio. Los más desgraciados podrán quedarse, pero sin que se sepa. Para que los criminales del otro lado de la frontera no tengan la tentación de ser aún más criminales.

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